lunes, 22 de noviembre de 2010

Creencias Asturianas


Por: Tomás Agüero

La relación de las creencias que antiguamente en el hogar paterno entretenían y eran admiradas en las largas noches de invierno por los hijos de la romanesca España, van perdiéndose en un caos, y en vano la pluma del curioso trata de sacarlas del olvido en que yacen sepultadas.

La voluptuosa Perí del Oriente; la hechicera de la Francia que habita los arruinados castillos; las atolondradas Frairies de las montañas de Escocia, que bailan por la noche a la luz de la luna y extravían de su camino al pobre aldeano; las Fées y las Ondinas de la sensata Alemania; la Banshel de la Irlanda que predice gimiendo la muerte de la familia a quien los lazos misteriosos está unido: todas ellas, todos esos seres que participan de la naturaleza de los espíritus, los encontramos también en nuestra Asturias, en el fondo de sus bosques, en los riscos de nuestras montañas, o bien vagando entre las ruinas de sus antiguos castillos. Las xanas, las huestias, los ñuberos, el moro, son una fuente inagotable de poesía.

Consagremos algunas páginas de nuestro periódico a dar a conocer a nuestros lectores las leyendas y tradiciones del país.

Las xanas son unas ninfas hermosas, blancas como la nieve, que coronan las altas montañas de Asturias; sus cabellos de oro caen en rizos por su cuello; sus negros ojos tienen un brillo que fascina, y su diminuta y desnuda planta vaga ligera, ora sobre las picudas rocas, o ya sobre los punzantes espinos que crecen en los desiertos bosques. Cuando alguno las llega a ver, ligeras como el céfiro que acaricia las delicadas flores en la dulce primavera, vuelan a esconderse en las recónditas cuevas. Huyen del silencio de la noche, y sólo cuando la alborada va apagando los sublimes fulgores de las estrellas, salen de sus grutas; así cuando en el Oriente aparece el astro del día, corren también veloces a ocultarse. Las xanas suelen tener sus cuevas siempre a la orilla de un límpido arroyuelo, o junto al sitio donde brotan los cristales de una fuente; no falta también quien asegure que en el fondo de los mismos ríos tienen sus grutas, y que en ellas crecen las delicadas rosas que exhalan dulcísimos olores, a la par de la espinera llena en invierno y en el verano de su aromática flor. Los ruiseñores, el mirlo y la calandria, revolotean entre ellas arrullándolas con sus dulces gorjeos, y los rayos del sol, penetrando por las aguas, alumbran su florida estancia.

Las xanas se ocupan todo el año en tejer madejas de oro: en las mañanas de San Juan salen todas juntas, llegan a la orilla de una fuente y las lavan allí con los blancos copos de espuma que se forman al chocar la corriente contra las orillas de su arenoso cauce. Este día no huyen como todos a la salida del sol; al contrario, tienden sus madejas para que las seque con el calor que despide el abrasado disco. Poco a poco con su influencia van tomando brillo particular: mientras esto sucede, las xanas coronadas de rosas danzan festivas alrededor de ellas, con el cansancio de un vivo carmín colora sus mejillas, y aquel carmín bajo el negro de sus ojos y sobre su tez tan blanca, las hace aparecer mucho más bellas y hermosas. Cuando el sol ha secado sus madejas, gozosas las recogen y se encaminan a sus grutas; entonces en cada sitio donde al andar posan su ligero pie, nace una flor que se conoce porque exhala de su corola una esencia mucho más delicada que la de las demás flores. ¡Afortunado el hombre que tenga la dicha de encontrar una de estas y llevarla siempre sobre su corazón; en todo aquel año los disgustos no amargarán su venturosa existencia! En una montaña en que al lado de una fuente hay una gruta de xanas, sucedió que un pobre labriego llegó a ella, guiado por la curiosidad y por el ansia de coger una de esas mágicas flores. Escondido bajo un corpulento roble esperó la mañana; las xanas salieron, lavaron sus madejas, las tendieron, danzaron en torno de ellas y luego se dirigían a su gruta. El labriego se quedó estupefacto al contemplar su hermosura, y hasta tal punto se sorprende, que quebrantando el propósito que llevaba de permanecer escondido, dio un paso hacia ellas. Las xanas le vieron y escaparon; él que en una flor quería buscar su felicidad, ni reparó en donde aquellas hermosas ninfas en su huida ponían su diminuto pie. Llegaron junto al roble y junto a él manaba una solitaria fuentecilla; a su borde se elevaban unos espesos matorrales, y allí tenían las xanas su cueva; penetraron por su abierta boca, pero tan deprisa, que unas a otras se impedían la entrada; entonces nuestro hombre se abalanzó hacia ellas cogió un hilo de una madeja, las ninfas escaparon, y él devanaba, devanaba sin interrupción un gran ovillo de oro; cuando éste se hizo bastante grande se le enredó la hebra en un espino; en tan apurado trance el labriego clamó un ¡ay Dios mío! y como por encanto el hilo se rompió, los matorrales se juntaron, y él quedó gozoso con su enorme ovillo que le hizo rico por toda su vida y feliz si en el oro consiste la felicidad.

No se encuentra fuente por lo regular en donde no hay una o más de estas ninfas. Todas son a cual más hermosas; siempre suelen llevar su cabellera de oro sujeta con una cinta formada de variadas flores. Algunos casos, que como el que hemos presentado ya han sucedido, y entonces observándolas se ha notado que entre ellas había una que aventajaba a las demás en estatura; ésta no danzaba con ellas, sino que risueña las miraba, y al pasar las demás por delante de ella, hacían una pequeña inclinación, a que respondía con otra igual y con una graciosa sonrisa: esto ha dado motivos a creer que entre las xanas hay una que tiene en algún modo domino sobre las demás. En las huidas siempre va la primera marcándolas el camino. A ésta la suelen llamar la xana mayor o la reina de las xanas.

Fuente: Álbum de la juventud: periódico científico y literario, Número 1 - 5 de junio de 1853
Nota: El texto ha sido ligeramente modificado para adaptarlo a un castellano más actual.

1 comentario:

  1. Sinceramente, no creo en la existencia de las Xanas, puesto que nunca he visto una, aunque no sé si pueden encontrarse por medio de Chile. Eso no significa que no crea en seres sobrenaturales, puesto que he visto a una o más a lo largo de mi vida. Tengo 21 años y sólo firmaré con mi seudónimo, gracias por querer rescatar las creencias y tradiciones de su pueblo, sólo le dejaré una pregunta que me concierne... ¿Se puede soñar con seres de otros paises de los cuales se desconoce completamente? Gracias por su atención, saludos cordiales desde Chile a la Madre Patria.
    Asenath Catalina Lisperguer Luna.

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Muchas gracias por leer mi blog. Supongo que le ha resultado interesante, puesto que ha llegado hasta aquí.