domingo, 12 de diciembre de 2010

Tratado de Metapsíquica de Charles Robert Richet (6)

§ III. -HISTORIA

Los acontecimientos y los descubrimientos se suceden de forma tan enredada, que cualquier división en periodos distintos es inevitablemente artificial. Sin embargo, hay que hacerlo, para traer claridad a un tema oscuro y denso.

Por tanto, proponemos los cuatro periodos siguientes:
  1. Período mítico, que va hasta Mesmer (1778);
  2. Período magnético, que va de Mesmer a las hermanas Fox (1847);
  3. Período espiritual, desde las hermanas Fox a William Crookes (1847-1872);
  4. Período científico, que comienza con William Crookes (1872).
¿Me atreveré a esperar que este libro ayude a inaugurar un quinto período, clásico?

1.º Período mítico.

Pertenece a los historiadores, más bien que a los científicos, buscar en las viejas religiones y las antiguas tradiciones populares todo lo que se ha dicho acerca de lo sobrenatural, lo oculto, lo mágico, lo incomprensible. Este viaje a través de los libros sagrados, las Kábalas, las Magias, presenta poco interés científico1.

1. Una exposición excelente, extremadamente detallada, ha sido realizada por C. de Vesme. Storia dello spiritismo (Historia del espiritismo), 3 vol., Torino, Roux Frascati, 1896-1898. Tr. all., Leipzig, 1904. Para la bibliografía nos encontramos con los documentos, seguidos a veces por un análisis resumido, de una bella obra de Albert Caillet. Manuel bibliographique des sciences psychiques ou occultes (Manual bibliográfico de las ciencias psíquicas u ocultas), 3 vol., 8º, París, L. Dorbon, 1913.


Nota del Búho Miope: Puede descargar desde aquí: Storia dello spiritismo Vol. I; Storia dello spiritismo Vol. II. Puede descargar desde aquí: Manuel bibliographique des sciences psychiques ou occultes Vol. I; Manuel bibliographique des sciences psychiques ou occultes Vol. IIManuel bibliographique des sciences psychiques ou occultes Vol. III.

Casi en todas las religiones, los milagros y las profecías, desempeñaron un gran papel. Los verdaderos fenómenos metapsíquicos, las telequinesias para los milagros, las profecías para las premoniciones, son posiblemente el origen de ciertas creencias religiosas. ¿Pero qué podemos hacer en el fondo con las historias que datan de veinte siglos, transformadas por las sucesivas leyendas que mantenían los sacerdotes, tan ignorantes como ingenuos? Cuando se trata de un hecho contemporáneo, estudiado en un laboratorio por científicos experimentados, con toda la ayuda de la técnica instrumental moderna, a menudo vacilamos en concluir. ¿Entonces cómo atreverse a afirmar nada de una historia inverosímil que le ha ocurrido hace dos mil años a tres fanáticos y cuatro iluminados? Probablemente todo no es falso; pero la separación entre la verdad y la falsedad no puede hacerse. También dejaremos a un lado deliberadamente todos los milagros de las religiones, todos los prodigios que señalan a la muerte de César, o a la de Jesucristo, o a la de Mahoma.

Sin embargo, encontramos, en este desmesuradamente largo período de credulidad y de ignorancia, algunos hechos dignos de mención.

Sócrates
En primer lugar está la curiosa historia del demonio de Sócrates2.

2. Le démon de Socrate, spécimen d'une application de la science psychologique à celle de l'Historie (El demonio de Sócrates, muestra de una aplicación de la ciencia psicológica a la de la Historia), por F. Lélut, París, 1836.

Así como lo dicen categóricamente ambos discípulos ilustres de Sócrates, Platón y Jenofonte, Sócrates afirmó tener un genio familiar, un demonio, que le mostraba el futuro y a veces le dictaba su conducta. El mismo Sócrates pensaba que este ser era ajeno a él, diferente de él, porque le revelaba cosas desconocidas. Este demonio era lo que el lenguaje espiritista denomina un guía.

En Teages, Platón le hace decir a Sócrates: «Por un favor divino tengo un don admirable, que no me ha abandonado desde mi nacimiento. Es una voz que, cuando se deja escuchar, me aparta siempre de lo que voy a hacer, pero que nunca me impulsa a obrar. Si alguno de mis amigos me comunica algún proyecto, si oigo esta voz, es una señal segura de que el dios no aprueba el proyecto y que nos aparta de él; os presentaré testigos de este hecho. Ya conocéis al precioso Cármides, hijo de Glaucón: un día vino a darme parte del proyecto que había formado de ir a combatir a los juegos nemesios3. Apenas comenzó a hacerme esta confianza, cuando oí la voz. Traté con la vista de apartarle de su proyecto diciéndole: Apenas abriste la boca, oí la voz del dios... ¡No vayas a Nemea! ¡No quiso escucharme! ¡Pues bien!, sabéis que cayó.»

3. Nota del Búho Miope: Uno de los cuatro grandes juegos de la Grecia; se celebraban cada tres años, cerca de Nemea, en el Peloponeso, en honor de Arquemoro.

En la Apología de Sócrates, Jenofonte le hace decir: «Esta voz profética que oí a lo largo de mi vida; ciertamente es más auténtica que los presagios tirados al vuelo o las entrañas de las aves: la llamo Dios o Demonio (Θεός ή δαιμώυ). Les comuniqué a mis amigos las advertencias que recibí, y hasta ahora la voz jamás me afirmó nada que hubiera sido inexacto.»

Éste es un punto en el que Sócrates insistió en varias ocasiones. Las predicciones de su genio familiar siempre se verificaron.

A lo largo de la antigüedad, la historia del demonio de Sócrates fue perfectamente conocida en todos sus detalles.

Plutarco habla de eso4: «Sócrates, teniendo un entendimiento puro y limpio, era fácil afectarlo por lo que lo alcanzaba, y lo que lo alcanzaba, podemos conjeturar que era, no una voz o un sonido, sino la palabra de un demonio que tocaba sin voz la parte inteligente de su alma. Las inteligencias de los demonios, determinan su luz, reluciente hacia aquellos que son susceptibles y capaces de tal luz, no teniendo necesidad ni de nombres ni de verbos, de los que usan los hombres cuando hablan unos con otros, por cuyas marcas ellos ven las imágenes de las inteligencias de unos y de otros, pero las inteligencias propias, ellos no las conocen, sino en aquellos que tienen una luz propia y divina.»

4. Du daemon de Socrate (Sobre el demonio de Sócrates), trad. de Amyot, París, Cussac, XX, 1803.

Sócrates, al oír estas voces, se interrumpía en el curso de una conversación, parándose en el camino, y diciendo, para explicar su conducta, que había escuchado a Dios.

Fr. Myers habló excelentemente del demonio de Sócrates, y con gran razón, al parecer, asimiló estas voces escuchadas por Sócrates con las voces que desde su infancia escuchó Juana de Arco5. También es un ejemplo auténtico de clarividencia dado por el demonio de Sócrates. Así cuando el filósofo conversaba con Eutifrón, de repente se detuvo, y les dijo a sus amigos de volver hacia atrás. No lo escucharon. Pero el mal vino, porque encontraron un rebaño de cerdos que les empujaron y les hicieron rodar por el suelo.

5. Fr. Myers. The daemon of Socrates (El demonio de Sócrates), P. S. P. R., 1889, V, 522-547.

Cicerón
En su tratado De divinatione (Sobre la adivinación) Cicerón habla corrientemente de la predicción del futuro, como lo fue para Sócrates, dice. Pero, por extraño que parezca no se sorprende. Sin creer en ello, no se niega a admitirlo. «Creo, dice6, que hay una adivinación, la que los Griegos llaman Μαντιχή (mántica). Porque, como concedamos haber unos sumos Dioses, y ser regido el mundo por la mente de ellos, y velar por el género de los hombres la benignidad de los mismos, y poder manifestarnos los signos de las cosas futuras, no veo por qué niegue haber una adivinación.» Da según su hermano Quinto, algunos ejemplos de premonición, particularmente un sueño de Quinto que veía a su hermano Tulio caer de un caballo (que parecía real). Tulio le responde -y esta respuesta le parece satisfactoria:- «La inquietud en la que estabas conmigo hizo que soñaras conmigo. Fue el azar el que hizo la simultaneidad entre el sueño y el accidente.»

6. De Legibus (Las Leyes), II, § 32 y 33.

Cicerón da cuenta de otro fenómeno metapsíquico, que abrevio7.

7. De divinatione (Sobre la adivinación), I, § 27, Ciceronis Opera (Las obras de Cicerón), Ed. Amar, XVI, 1824, 248.

Dos amigos, habiendo llegado a Megara, fueron a hospedarse a dos casas diferentes. Uno de ellos sueña que su compañero le pide auxilio para evitar ser asesinado. Se despierta, comprende que es sólo un sueño, y se duerme de nuevo. Pero de nuevo su amigo se le aparece, y le dice: «Ya que no pudiste salvarme la vida, al menos has de vengarme, se interfectum in plaustrum a caupone esse conjectum, et supra stercus injectum... Hoc somnio commotus mane bulbuco praesto ad portam fuisse, quaesisse ex eo quid esset in plaustro, illum perterritum fugisse, mortuum erutum esse; cauponem, re patefacta, poenas dedisse.» Y Cicerón, sin asombrarse demasiado de esta advertencia, añade: «Quid hoc somnio dici divinus potest?»

Más tarde, dice hablando de las adivinaciones, en las que él cree un poco: «Multa falsa, imo obscura, idque fortasse nobis... facilius evenit appropinquante morte, ut animi futura augurentur.»

Tácito habla de una visión que se le apareció a Curtius Rufus8: oblata ei species muliebris ultra modum humanum, et audita est vox. (Se le apareció una figura femenina más alta que la estatura humana, y escuchó su voz.)


8. Annales (Anales), XI, § 21.

Si uno está dispuesto a investigar en la historia, encontraríamos cantidad de hechos de orden metapsíquico. Pero toda conclusión seria es impasible.

¿Quién se atrevería hoy a hablar seriamente de Simón el Mago, o de Apolonio de Tiana, o incluso de Cardano, de Cornelio Agripa? Los magos, los místicos, no tienen nada que hacer con la ciencia contemporánea, con la metapsíquica sana, tal y como la entendemos hoy en día.

Plutarco
La aparición de un fantasma a Bruto merece ser informada: He aquí a Plutarco9.

9. Plutarco, Vies des hommes illustres (Vida paralelas), trad. por Amyot, París, 1802, IX, Vie de Brutus (Vida de Bruto), p. 152.

«Una noche, muy tarde, todo el mundo estaba durmiendo dentro de su campamento en silencio, y él que estaba en su pabellón con un poco de luz, lo que era aconsejable para oír entrar a alguien, y echar un vistazo a la entrada de su pabellón, vio una terrible y monstruosa figura de un cuerpo extraño y horrible que fue a presentarse ante él sin decir una palabra: le preguntó quién era, si era un dios o un hombre, y a qué había venido. El fantasma le respondió: «Soy tu ángel tentador, Bruto, y me verás cerca de la ciudad de Filipos.» Bruto, sin molestarse, le respondió: «Bien, te veré allí pues.» El fantasma incontinente desapareció, y Bruto llamó a sus criados, que le dijeron que no oyeron ninguna voz, ni tuvieron ninguna visión.»

Juana de Arco
Las voces y las visiones de Juana de Arco probablemente también entran en los fenómenos metapsíquicos10. Sus voces y sus visiones fueron percibidas sólo por ella, de modo que hay que admitir que eran subjetivas. Es demasiado fácil asumir que eran meras alucinaciones, porque estas alucinaciones fueron seguidas por demasiados hechos reales, y por predicciones verificadas demasiado a menudo, para admitir los delirios de una loca. No podemos dudar de que Juana de Arco hubiera sido inspirada.

10. Voy. de Vesme, Storia dello spiritismo (Historia del espiritismo) (II, 290).

Sin embargo, como para el fantasma visto por Bruto, como para las apariciones de Lourdes, como para los milagros de Apolonio de Tiana y de Simón el Mago, una evaluación científica de estos viejos testimonios es imposible, y es mejor admitirlos como probables, sin aspirar a una demostración cualquiera, que Juana de Arco tenía ciertos poderes metapsíquicos. Tal es más o menos la opinión de Fr. Myers.

Obtendríamos algún provecho en estudiar las hagiografías, porque a menudo los santos y las santas manifiestamente tuvieron fenómenos metapsíquicos muy reales.

La aureola en torno a su cabeza, la bilocación, el olor de santidad, la incombustibilidad, la levitación, el hablar en lenguas extranjeras, las profecías, se encuentran en las vidas de muchos santos: San Francisco de Asís, Santa Teresa, Santa Elena, San Alfonso de Ligorio, San José de Cupertino (1603-1663).

Voluntariamente dejo a un lado la historia de los estigmas, y en general de todos los fenómenos orgánicos observados en los santos; porque esta influencia del espíritu, -es decir, del sistema nervioso central- sobre la circulación y la nutrición de tal o cual parte del cuerpo (nervios tróficos) no tiene nada de metapsíquico, y basta con referirse a algunas publicaciones que los médicos han multiplicado sobre este tema11.

11. Apte (M.), Les stigmatisés, étude historique et critique sur les troubles vasomoteurs chez les mystiques (Los estigmatizados, estudio histórico y crítico sobre los disturbios vasomotores entre los místicos). Tesis de doctorado, París. 1903. -Kohnstamm, Hypnotische Stigmatisierung (Estigma hipnótico), (Zeitsch. f. d. Ausbau d. Entwicklungslehre, 1908, II, 314-321). -Görres, La mystique divine, naturelle et diabolique (La mística divina, natural y diabólica), trad. fr., París, 1854, II, 174-210. -Bourneville, Science et Miracle, Louise Lateau, ou la stigmatisée belge (Ciencia y Milagro, Louise Lateau, o la estigmatizada belga), 8º, París, 1875. -Carré de Montgeron, La vérité des miracles opérés par l'intercession du diacre Paris (La verdad de los milagros obrados por la intercesión del diácono de París), II, Colonia, 1747. -Alfred Maury, La magie et l'astrologie (La magia y la astrología), París, 1895. -P. Janet, Bullet. de l'Institut psycologique international (Boletín del Instituto Internacional de Psicología), julio 1901. -A. de Rochas, A. S. P., enero 1903.

No me atrevo a negar todos los hechos antiguos de levitación, Görres no cita menos de 72 casos. Aún no se han presentado todos, dice. Pero es imposible saber el grado de verdad de estos milagros. El santo que tuvo las levitaciones más frecuentes es sin duda San José de Cupertino (beatificado en 1753) (1603-1663). «Sus sobrecogimientos y sus ascensiones no sólo tuvieron, dice Görres (pág. 308), testigos del pueblo y de los monjes de su orden. El Papa Urbano VIII lo vio un día en este estado, y no salía de su asombro. José, que estaba en presencia del vicario de Jesucristo, cayó extasiado, y se elevó sobre la tierra.»

San José de Cupertino
en una de sus levitaciones
Durante mucho tiempo, ayer, todavía hoy, nos burlamos de muchas credulidades, las levitaciones de los santos, las adivinaciones de los sonámbulos, los presentimientos de muertes en los sueños, las curaciones en éxtasis, los estigmas, las casas encantadas, las apariciones, y mezclamos confusamente todas estas creencias en un desprecio inmenso, indiferente a cualquier examen.

Me parece que esto es una falta grave. Todo no es verdad ciertamente en estas historias; pero no todo es falso tampoco. Las historias extrañas a veces nos hacen mostrar una sonrisa burlona, y somos los primeros en creer que son un disparate. ¡Pues bien!, no son sin sentido; no mentimos; jamás hay o casi nunca mentiras en las historias fantásticas que se nos confían, y muy rara vez ilusiones totales. Exageramos, transformamos, arreglamos las cosas, olvidamos detalles esenciales, añadimos detalles imaginarios; pero todas estas historias contienen un fragmento de la verdad. La historia de la ciencia nos muestra que a menudo hubo que volver a ideas que primero eran consideradas como pueriles. El hipnotismo, y sobre todo el espiritismo, están allí para establecer hasta que punto las negaciones, si se extienden sin examen, hacen que la ciencia, en lugar de avanzar, se fosilice, cuando la rutina, y no el amor del progreso, anima el alma de los sabios.

Pero me refiero al libro de Görres, muy completo, naturalmente de una credulidad ilimitada, para todas estas leyendas, de donde probablemente nunca se sabrá la cantidad de verdad contenida en él12.

12. Traté de analizar un fenómeno antiguo de posesión muy curioso, en Presburgo en 1641, pero no pude deducir nada (Phenómènes métapsychiques d'autrefois - Fenómenos metapsíquicos del pasado, A. S. P., 1905, 197-217; 413-421).

Lo que es interesante, es comprobar que se indican casi todos los fenómenos de la metapsíquica contemporánea.

Es verdad que la ingenuidad de los cristianos antiguos, no atribuye sólo a Dios y a los ángeles buenos, y a los santos, estos poderes metapsíquicos. El diablo también es capaz, cuando toma posesión de una mujer desafortunada, de muchas maravillas. Es casi tan poderoso como Dios, y le comunica al poseso o a la posesa poderes extraños:
  1. Facultad para conocer los pensamientos, aunque no se expresen;
  2. Inteligencia de lenguas desconocidas para el poseso, y facultad para hablarlas;
  3. Conocimiento de acontecimientos futuros;
  4. Conocimiento de lo que sucede en lugares lejanos, o situados fuera del alcance de la vista ordinaria;
  5. Suspensión en el aire (levitación).
Estos son fenómenos esencialmente metapsíquicos. No hay duda que, tanto para los posesos como para los santos, tales fenómenos debieron, aquí y allí, manifestarse en todo momento.

Hasta encontramos mencionadas en la antigüedad las mesas giratorias adivinatorias (Mensae divinatoriæ). Tertuliano habla de cadenas y mesas que profetizan, y añade que es un hecho vulgar13. Según Ammien Marcellin, habíamos construido una mesa, sobre la cual había puesta una bandeja, en la que estaban grabadas las veinticuatro letras del alfabeto. Un anillo suspendido por un hilo era sujetado por uno de los asistentes, y se balanceaba por encima de las letras. Inscribíamos la letra en la cual se fijaba, y teníamos así una consulta adivinatoria.

13. Voy. Figuier, Histoire du merveilleux (Historia de lo maravilloso), París, 1873, I, 18

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Muchas gracias por leer mi blog. Supongo que le ha resultado interesante, puesto que ha llegado hasta aquí.