domingo, 2 de enero de 2011

Tratado de Metapsíquica de Charles Robert Richet (10)

§ IV. -LOS MÉDIUMS1

1. En el curso de este libro encontrará muchos detalles sobre los médiums que no tienen lugar aquí. Este capítulo es por lo tanto necesariamente abreviado, para no duplicar lo que se dirá más adelante. La verdadera historia de los médiums, es casi toda la metapsíquica.

La palabra médium, execrable por otra parte, se ha establecido por su uso. Es imposible desterrarla2. Significa intermediarios entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.

2. ¿Debemos por tanto utilizar esta palabra para las mujeres? Parece ser que podría decirse la médium.

Stainton Moses
Entre los médiums poderosos, enérgicos, que, como Home, Eusapia, Stainton Moses, Florence Cook, tienen fenómenos objetivos, vivos, y los médiums que tan sólo tienen fenómenos subjetivos, hay una distancia considerable. Debemos hacer una clase separada para los médiums de efectos físicos, telequinesias y materializaciones.

Esos son seres excepcionales, extremadamente raros. Incluso los que pueden provocar raps sin contacto son bastante raros también.

Su psicofisiología no es muy rica en enseñanzas. No sabríamos decir sobre ellos si son más o menos inteligentes que el común de los mortales. Nada los distingue de una persona normal, y no podemos separarlos de otros humanos más que por la facultad extraña que poseen, sólo entre los hombres, de provocar, en las sesiones espiritistas, las materializaciones de formas (manos, personas), y los movimientos de la materia (ruidos, golpes, voces, olores).

Esta rareza extrema de los poderes telequinésicos no es una objeción. Es necesario admitir que no todos los hombres son exactamente iguales. Ciertos niños extraordinarios están dotados, a una edad muy temprana, de potencias de memoria y de cálculo tan sorprendentes que quedamos boquiabiertos delante de ellos. Podemos concebir que existe, entre la multitud de personas, individuos excepcionales.

Los poderes criptestésicos son mucho más comunes que los poderes telequinésicos. La criptestesia en todos sus grados de poder está tan difundida, y la telequinesia es tan rara que no podemos asimilar las criptestesias (bastante comunes) a las telequinesias (muy raras).

Digamos que en realidad hay dos grupos muy distintos en la mediumnidad:
  1. Médiums de efectos físicos;
  2. Médiums de efectos psíquicos.
La telequinesia es un fenómeno claramente caracterizado; las materializaciones lo son aún más claramente. El fenómeno telequinesico elemental, aquel que numerosos médiums obtienen, sin ser capaces de llegar a la telequinesia y a la materialización, es el rap, es decir, una vibración sonora (sin contacto) en la madera de una mesa o de una silla. Ya, sin embargo, la delimitación entre médiums capaces o incapaces de producir raps se hace bastante difícil, porque muy a menudo se oyen pequeños ruidos muy ligeros, apenas perceptibles, en una mesa que apenas toca el médium, y el ruido es tan débil que casi no podemos fiarnos de él.

Hay que volver a trazar aquí la biografía de los grandes médiums de materializaciones y de telequinesia. Pero hablaremos de eso en el capítulo de las materializaciones.

Mad. d'Espérance
Cuando hemos citado a HomeFlorence CookStainton MosesEusapia, Mad. d'Espérance, Eglinton, Linda Gazzera, Slade, Marthe Béraud, Miss Goligher, Stanislawa Tomczyk, hemos nombrado los principales. Vemos que el número es pequeño.

El número de médiums que producen raps es muchísimo más grande. Pero no sabría dar ninguna estadística a este respecto.

Desgraciadamente estos médiums de efectos físicos a menudo abusan de su poder. Se imaginan que podrán enriquecerse por sus poderes milagrosos, y entonces, como las hermanas Fox, como los hermanos Davenport, como Eglinton, como Slade, dan sesiones públicas para sacar un beneficio monetario de sus facultades. De ahí al fraude, sólo hay un paso, y un paso que tienen, si no siempre, que atravesar muy a menudo.

También los médiums profesionales de efectos físicos son terriblemente sospechosos, y las precauciones que hay que tomar en contra de sus maquinaciones deben ser de una severidad implacable. (Además, aunque su buena fe consciente fuera absoluta, habría que tomar las mismas precauciones.)

Hay razones muy buenas para no rechazar a priori toda experimentación con los grandes médiums profesionales.
  1. Producían sin duda, al principio de su carrera, fenómenos auténticos. Léa y Catherine Fox no habrían, de forma deliberada, inventado toda esta historia de los raps de Hydesville, si no hubieran empezado a tener realmente raps.
  2. Linda Gazzera materializando una mano
  3. Las médiums como Mad. d'Espérance, como Florence Cook, como Linda, como Eusapia, como Marthe Béraud, jamás tomaron ninguna lección de prestidigitación y de ilusionismo. Ellas comprobaron fenómenos extraños, y, casi a pesar de ellas, siguieron la vía que les fue abierta. Es por la necesidad de la causa que les atribuimos una habilidad técnica extraordinaria, superior a la de los profesionales más expertos, Robert Houdin, Hamilton, Maskelyne, porque han engañado a los expertos más advertidos, en condiciones de control severo, en múltiples y variadas sesiones, mientras que por otra parte ni R. Houdin, ni Hamilton, ni Maskelyne jamás pudieron imitar lo que hacen.
En cuanto a los médiums de sólo efectos psíquicos, todas las transiciones más matizadas se observan entre ellos y las personas normales. Me parece que todo individuo normal es capaz, en un momento dado de su vida, de tener alguna lucidez pasajera. Pero, con el fin de no apartarnos demasiado de la terminología habitual, les aplicaremos provisionalmente la denominación de médiums a las personas que creen que están en relación con personalidades extrañas.

En efecto, adoptamos para la definición de la metapsíquica, una ciencia que tiene por objeto los fenómenos que parecen depender de una inteligencia, y de una inteligencia distinta de la inteligencia humana. Los médiums son entonces unos individuos, con inconsciencia parcial o total, que dicen palabras, realizan actos, hacen gestos, palabras, gestos, actos que parecen sustraídos de su voluntad, y parecen independientes de su inteligencia. Sin embargo, estos fenómenos inconscientes son inteligentes, sistemáticos, a veces coordinados con una maravillosa penetración. Así que enseguida se está estudiando si los fenómenos inconscientes se deben a la inteligencia humana, o a una inteligencia sobrehumana.

Vamos, a tomar un ejemplo concreto, clásico, Hélène Smith, escribiendo por la escritura automática de los abundantes mensajes que atribuye a María Antonieta. ¿Es la inteligencia de Hélène la que hace todo? ¿Es otra inteligencia distinta de la de Hélène? ¿Será María Antonieta, será una fuerza inteligente cualquiera quien acciona los gestos, las palabras, la escritura de Hélène?

Entraremos a un debate en profundidad sobre las dos hipótesis.

Por el momento mostraremos que hay solamente transiciones graduales, casi imperceptibles, entre estos supuestos médiums y los individuos normales. La demarcación no es sólo difícil, sino imposible, mientras que entre los médiums verdaderos, es decir, de efectos físicos, y los normales, hay una brecha enorme, un foso profundo, una diferencia esencial.

Podemos establecer la siguiente gradación:

A.- El primer grado de desviación de la normalidad, es la producción de movimientos inconscientes ligeros, casi imperceptibles, los cuales bastan sin embargo para hacer pecibir a un individuo las sensaciones y las voluntades de la inconsciencia. Y sin duda, hay más de un 50% de personas normales que, a través de un ligero temblor muscular, que ignoran, traicionan sus pensamientos: como en el juego de willing game3, que a veces conduce a resultados sorprendentes.

3. Nota del Búho Miope: El willing game (juego de la voluntad) era un popular juego de salón relacionado con la telepatía, practicado en Gran Bretaña hacia finales del siglo XIX. En el juego, una persona (a la que llamaremos A) salía del salón. Los demás se ponían de acuerdo sobre algún objeto o acción simple que A debería identificar o llevar a cabo. A regresaba al salón, y todos los demás debían permanecer en silencio y quietos, pero debían pensar intensamente lo que A debía hacer. A entonces trataba de adivinar lo que debía hacer, y o bien recuperar el objeto o realizar la acción. Al parecer, el juego era frecuentemente resuelto con éxito (de otra manera no se habría hecho popular). Este hecho se atribuía a la telepatía, aunque se piensa que los vistazos o pequeños movimientos realizados por la gente que habían permanecido en el salón servían de pista sutil para indicarle a A qué es lo que tenía que hacer.

Estos movimientos involuntarios e inconscientes se producen tan a menudo, tan claramente, que es un capítulo de la fisiología normal. Estamos lejos de toda la metapsíquica.

B.- El segundo grado, es la creación de una nueva personalidad a través del hipnotismo. La personalidad normal reaparece al despertar, pero, durante la hipnosis y la sugestión hipnótica, aparece una nueva personalidad, que es obviamente falsa, ya que el magnetizador la crea según su propia fantasía, y, que puede mantenerse, si el magnetizador lo impone por sugestión verbal.

Esta nueva personalidad, arbitraria, transitoria, artificial, todavía cabe en la psicología normal clásica.

C.- El tercer grado es el estado medianímico, es decir, la producción de una nueva personalidad que el médium se creó por autosugestión. El hipnotismo actúa a través de la heterosugestión; la mediumnidad por autosugestión. Hay sólo una diferencia muy pequeña entre la personalidad de María Antonieta, que Hélène Smith tomó por si misma, o la personalidad de María Antonieta, que Hélène Smith habría tomado por imposición de su magnetizador.

Las escrituras automáticas pertenecen a este grupo, y no hay que dar a esta importante manifestación psicológica un lugar cualquiera dentro de la metapsíquica, -por lo menos sólo en cuanto al fenómeno de la escritura automática- porque la hipótesis de una inteligencia extraña, no humana, no tiene en la inmensa mayoría de los casos ninguna razón de ser. Puesto que puedo sugerirle a Alice que es María Antonieta, puesto que Alice juega admirablemente el papel de la infortunada reina, ¿porqué voy a suponer, que cuando Hélène Smith toma espontáneamente el mismo papel, y lo juega con no menos perfección, que es la reina de Francia quien se encarnó en Hélène Smith? Es una suposición infantil, totalmente gratuita.

Mad. Leonora Piper
D.- El cuarto grado, es cuando esta nueva personalidad es capaz de la criptestesia; cuando verdaderamente parece conocer cosas que el médium no conocía, hechos que sólo la segunda personalidad podía conocer. Éste es el caso de Mad. Piper encarnada como Phinuit o como George Pelham.

El guía del médium (es decir, la nueva personalidad que aparece) parece ser entonces de una fuerza extraña, verdaderamente extraña. Podemos llamar a estos fenómenos los fenómenos metapsíquicos, puesto que todas las inteligencias consideradas normales no bastan para explicar las extrañas y poderosas criptestesias que presentan estos sensitivos. No necesito añadir que la opinión de que una fuerza extraña actúa sobre ellos es sólo una hipótesis.

Posiblemente habría que reservarles el nombre de médium a los individuos capaces de acción material mecánica, sin contacto, y de materializaciones. Éste es el quinto grado. Entonces a los fenómenos de criptestesia, a las alucinaciones que sobrevienen en el trance espiritista, cercano del trance hipnótico, vienen a añadirse los fenómenos materiales, levitaciones, telequinesias, raps, y sobre todo materializaciones.

No hay evidencia de que las personalidades secundarias no sean siempre exclusivamente humanas, debidas a modalidades de la inteligencia humana, mientras que con los fenómenos materiales aparece algo nuevo, transcendental, de verdadera metapsíquica, que sobrepasa la psicología normal, y que apenas puede explicarse sin la intervención de fuerzas desconocidas que parecen inteligentes.

Como este libro es ante todo un tratado didáctico, voy a dar, para precisar, ejemplos de cada uno de estos casos psicológicos, que constituyen las transiciones insensibles del estado normal al estado de médium.

1er grado. -Antoniette no es hipnotizable. Pero, si le tomo la mano y le pido pensar en un objeto que ella escondió en un rincón de la habitación, ella se sorprende mucho, cuando, guiado por ella y por sus movimientos inconscientes, descubro este objeto.

grado. -Alice es hipnotizada. Si le digo que es un viejo general, ella da la imagen caricaturesca de un viejo general; tose, escupe, habla precipitadamente, jura, pide una absenta, etc. Y ella juega a esta ingenua comedia con una rara perfección durante una hora entera.

3er grado. -Hélène Smith por autosugestión imagina ser María Antonieta. Habla el idioma, camina plena de dignidad, presenta la escritura y la ortografía de la reina de Francia. Con absoluta sinceridad interpreta esta extraordinaria comedia con una perspicacia maravillosa, durante semanas y meses.

Mad. Camus pone la mano en la mesa, y escribe largas frases, febrilmente, donde ella ignora su sentido; ella no sabe lo que escribe y habla sobre otra cosa mientras está escribiendo. Vincent es el espíritu que la guía, que es supuestamente el inspirador de todas las mundanas disertaciones metafísicas y teosóficas con las que ella rellena el papel.

grado. -Mad. Piper pierde gradualmente su consciencia normal. Por lo tanto, unas veces es Phinuit, otras George Pelham, a veces Myers, otras veces R. Hodgson, quienes hablan por ella. Pero estas personalidades, muy probablemente imaginarias y debidas a autosugestiones, están dotados de una potencia criptestésica asombrosa. Moniciones, premoniciones, telepatías, todas estas lucideces estallan a cada una de las palabras que, dice la voz de Mad. Piper, siendo Phinuit, o George Pelham, o Myers o R. Hodgson, por lo que hace falta un gran esfuerzo de racionalismo -que hasta es posiblemente un error- para no atribuir a una inteligencia que no sea otra que Mad. Piper estos fenómenos de inteligencia casi sobrehumana.

Mad. Léonard, Mad. Briffaut, Stella, la vidente de Prévorst, entre otros, son médiums de este orden.

grado. -Eusapia cae, sin ser hipnotizada, en estado de trance. Después, a través del intermediario, según dice ella, de John King, hace mover objetos, que ella no toca; materializa las manos, a veces la cabeza de John King, y a veces aparecen otros fantasmas.

Stanislawa Tomczyk
HomeMad. d'EspéranceFlorence CookStainton MosesStanislawa Tomczyk, Miss Goligher, Marthe Béraud, son médiums del mismo género. Y la mayoría de las veces, al mismo tiempo que los fenómenos mecánico-físicos materiales, aparecen criptestesias. La posesión por una inteligencia extraña parece ser completa, no sólo por el conocimiento de cosas desconocidas por el propio médium, sino además por el poder que le es dado sobre la materia.

Por otra parte, de hecho, la mayoría de las veces los médiums verdaderos (con telequinesis) son también unos sensitivos; es decir, que tienen criptestesias a veces admirables. Stainton Moses y Home están en este caso. Eusapia tenía sólo efectos físicos mecánicos, y Mad. Piper sólo tenía efectos psicológicos.

Sin pretender deducir nada, es un hecho que los grandes médiums, desde el principio de los fenómenos producidos, bien sean mecánicos, o criptestésicos, atribuyen todo su poder a un guía. Del mismo modo, si uno quiere tener buenas experiencias, es necesario experimentar como si fuese cierto que existe ese guía, y se encarnó en el médium. Es, con sentido riguroso de la palabra, una hipótesis de trabajo, casi necesaria para la producción de los fenómenos.

Levitación de un objeto producida
por Eusapia Paladino
La ciencia es un lenguaje bien hecho, dijo un filósofo. Así que no deberíamos de dar el mismo nombre de médium a individuos tan diferentes como por ejemplo Eusapia y Mad. Piper. Podríamos llamar médiums a los individuos que producen efectos físicos; sensitivos, a los individuos que tienen fenómenos criptestésicos que atribuyen a una fuerza extraña; autómatas, a los individuos que sin criptestesia parecen presentar escritura automática de personalidades secundarias, creadas sin duda por autosugestión, pero que parecen espontáneas.

Como toda clasificación, ésta es arbitraria. Los sensitivos son siempre autómatas, mientras que raramente los autómatas son sensitivos. Podríamos citar centenares de casos de escritura automática, que son sólo fantasías mediocremente interesantes de la inconsciencia desencadenada, sin lucidez, sin criptestesia, sin nada que valga la pena de ser anotado, si no la extraordinaria potencia del inconsciente.

Sin embargo, a pesar de mi ardiente deseo de hacer volver en lo posible estos fenómenos metapsíquicos a la psicología normal, no querría desnaturalizarlos, mutilarlos, so pretexto de racionalismo. El estado de monoideismo4 y de automatismo que crean los trances o hipnóticos, o espiritualistas, desarrolla una extraordinaria aptitud en la criptestesia, tan a menudo, como para Mad. Piper, como para Mad. Leonard, como para Mad. Verrall, que uno se siente tentado a creer en la intervención de una inteligencia extraña. No se trata en este capítulo de discutir la cuestión; veremos más adelante que no tendremos timidez en abordarla francamente.

4. Nota del Búho Miope: El monoideismo es el estado mental del psiquismo cuando fija exclusivamente la atención en una sola idea inalterable.

Ni los sensitivos, ni los autómatas, ni los mismos médiums, pueden ser caracterizados por diagnosis de alguna verosimilitud. Son como todo el mundo. La edad, el sexo, la nacionalidad no parecen tener gran influencia.

Se ha hablado a menudo de la histeria; pero parece que la histeria no es una condición favorable, excepto para dar una extensión desmesurada de este tipo de enfermedad. Los histéricos son a menudo hipnotizables; pero la aptitud para ser hipnotizado es tan general que no es en absoluto una característica. Los médiums son más o menos neuropáticos, sujetos a cefaleas, insomnios, dispepsias. Pero todo esto es bien poco significativo.

Pierre-Marie-Félix Janet
En todo caso, me niego absolutamente a considerarlos como enfermos, así como está demasiado dispuesto a hacerlo P. Janet5. Si bien hay cierta desintegración de la consciencia. Pero, entre los artistas, los sabios, incluso la gente vulgar, a menudo hay análogas desintegraciones de la consciencia, con automatismo parcial.

5. Esta crítica no disminuye en nada mi alta estima por los trabajos de P. Janet llevados a cabo con una sagacidad poco común.

J. Maxwell insistió en la existencia en la mayoría de los médiums de una mancha en el iris. Posiblemente convendría hacer sobre eso algunas investigaciones estadísticas. Pero la dificultad estará siempre en saber donde habrá que pararse, puesto que no hay línea de demarcación entre un sensitivo y un normal, entre un automático y un normal. Tal persona con escritura automática se limita a trazar febrilmente y sin consciencia grandes círculos informes sobre hojas de papel blanco; otro escribirá palabras incoherentes; otro hará frases ordenadas; otro compondrá pequeños poemas completos; otro escribirá volúmenes y novelas enteras. Existen todos los grados de automatismo.

El talento del inconsciente tiene más variedades que el talento del consciente.

La sensibilidad criptestésica contiene, más aún puede tener, todos los grados. Tal individuo que, en el transcurso de su larga vida, habrá sido perfectamente normal, un día verá una aparición verídica, u oirá voces premonitorias. No podremos decir que sea un sensitivo. Lo habrá sido durante algunos minutos, o más bien durante algunos segundos, y eso es todo. Personas de apariencia normal miran en el cristal, y al cabo de algunos instantes perciben visiones, escenas más o menos dramáticas que tienen lugar en la pequeña bola de cristal. No podemos pretender que sean sensitivos; o no puedo apoyar lo contrario tampoco. En cualquier caso, no hay ninguna razón, de nuevo, en cuanto al propio mecanismo, de hacer intervenir a una inteligencia extraña.

Incluso los grandes médiums sensitivos, como Mad. Piper, como Stainton Moses, no tienen ninguna característica fisiológica o psicológica que los distinga. Estos individuos privilegiados, que, según la doctrina espiritista, reciben mensajes de los desaparecidos y entran en conversación con los muertos, no parecen diferenciarse por ninguna otra superioridad intelectual o física. Ciertamente, a consecuencia de la facilidad con la cual su consciencia puede desintegrarse, tienen una cierta inestabilidad mental, una susceptibilidad bastante delicada. Su responsabilidad, por lo menos durante el estado de trance, está un poco disminuida. Pero esto son solo matices, y estoy dispuesto a concluir de buena gana que aparte de sus visiones, que aparte de sus trances y de las encarnaciones aparentes que se manifiestan, estos sensitivos son como todo el mundo.

La mayoría de las veces descubrieron su sensibilidad por casualidad. La historia detallada de los orígenes de la mediumnidad sería muy interesante de hacer. Veríamos sin duda que, para cada gran médium, el punto de partida era bastante diferente. En cualquier caso, jamás se hicieron médiums por un acto de voluntad deliberada. Su poder se desarrolló espontáneamente.

El Dr. James M. Gully observa
el pulso de Kate King en una
sesión dirigida por
William Crookes
Lo que es muy curioso -y por otra parte bastante desalentador,- es que este poder apenas progresa. Nace espontáneamente, sin que se sepa ni porqué, ni cómo, y, si tiene el capricho de desaparecer, se va sin que se pueda retenerlo. Kate King abandonó a Florence Cook y a Crookes dando por toda explicación que su salida era necesaria. Mi difunto y erudito amigo, el Dr. Ségard, me dijo una vez que su hija, de aproximadamente unos doce años de edad, había presentado durante unos tres días fenómenos notables de telequinesia (levitación de una mesa pesada, raps, movimiento de objetos de gran tamaño sin contacto), pero que luego súbitamente todo había desaparecido. Estos hechos se remontan a hace veinticinco años, y Mad. L..., la hija de Ségard, nunca ha tenido desde entonces un fenómeno similar.

Toda educación es inoperante. Estoy tentado a creer que nuestros esfuerzos para cientificar los fenómenos tienen más inconvenientes que ventajas. También, en mis experiencias, renuncié absolutamente a querer indicar a un sensitivo o a un médium cómo debía proceder. Deben ser abandonados a si mismos, porque nuestra influencia, si tenemos una, sería probablemente mala. Un médium poderoso es un instrumento extremadamente delicado y frágil que no está absolutamente familiarizado con sus resortes secretos. Nos exponemos a torcerlo manejándolo con una mano torpe. Dejemos pues que desarrollen los fenómenos en plena libertad, sin pretender guiarlos. Probablemente es un grave error obstinarse en educar a un médium.

¿Porqué esta fatalidad? No me parece en absoluto que se deba concluir que hay injerencia de una inteligencia extraña. Porque, incluso en los niños y los adolescentes normales, nuestro poder de transformación educativa es bastante limitado (y en otros casos es tal vez suerte).

Hasta ahora no fuimos justos con los médiums. Los hemos calumniado, burlado, vilipendiado. Los hemos tratado cínicamente como animales viles. Cuando sus facultades estaban decreciendo, los dejamos apagarse en la oscuridad y la indigencia. Cuando se los retribuía, fue humildemente, dándoles a entender bien que eran sólo unas máquinas. Ya es hora de que se acaben estas detestables costumbres.

Si por casualidad se descubre un gran médium de efectos físicos poderosos, o de efectos psíquicos excepcionales, en lugar de exponerlo a la curiosidad banal de los ignorantes, de los periodistas, de las grandes y pequeñas damas que les van a consultar sobre un perro perdido o un amante infiel, habría que asegurarles muy largamente la vida y la manutención, y posiblemente un poco más, con el fin de que su mediumnidad no sea deshonrada por adivinaciones de baja calidad. Eso es lo que Mad. Bisson hizo por Marthe Béraud; Lord Duraven por Home; E. Imoda por Linda.

En una palabra, habría que reservar los médiums para la ciencia, la ciencia severa, generosa y justa, en lugar de dejar prostituirse sus facultades maravillosas a las credulidades infantiles o a los sarcasmos sin pudor.

Pero al mismo tiempo habrá que evitar abandonar la severidad científica, no pedir experiencias estupefacientes, o incursiones en el más allá. Debemos resignarnos. No dejemos el suelo de nuestro planeta. Tratemos los problemas de la metapsíquica como problemas de fisiología pura. Experimentemos con los médiums, seres raros, privilegiados, admirables, y repitámosnos que tienen derecho a todo nuestro respeto, pero que requieren toda nuestra desconfianza.

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Muchas gracias por leer mi blog. Supongo que le ha resultado interesante, puesto que ha llegado hasta aquí.