domingo, 30 de enero de 2011

Tratado de Metapsíquica de Charles Robert Richet (11)

SEGUNDO LIBRO
DE LA METAPSÍQUICA SUBJETIVA

CAPÍTULO PRIMERO
METAPSÍQUICA SUBJETIVA EN GENERAL

§ I. -LÍMITES ENTRE LA PSÍQUICA Y LA METAPSÍQUICA

Inmediatamente nos encontramos con una dificultad importante. En efecto, tan pronto como se pueden explicar por una extrema agudeza de la inteligencia humana y por una construcción sistemática inconsciente ciertos fenómenos de supuesta lucidez, es evidente que entonces no debemos invocar más la metapsíquica, es decir, a suponer que son facultades desconocidas de nuestra inteligencia, o son injerencias de otras inteligencias. Nos bastará con decir: «Estos son sólo los efectos de una inteligencia humana muy penetrante.»

Por tanto, estamos obligados a considerar en primer lugar cuáles son los límites de la inteligencia humana.

Problema tanto más arduo cuando los fenómenos intelectuales múltiples se producen sin que la consciencia sea advertida de ello. Y esto, es la psicología normal, clásica posterior a Leibniz. La mente puede funcionar sin que la conciencia se ocupe de este trabajo; las operaciones intelectuales muy complicadas se pueden llevar a cabo sin nuestro conocimiento; todo un mundo de ideas se estremece en nosotros, que nosotros no conocemos. Probablemente ningún recuerdo del pasado se ha desvanecido. La conciencia olvida mucho: la memoria no olvida nada; todo el montón de imágenes antiguas es conservado, casi intacto, a pesar de haber desaparecido de la conciencia. Porque la inconsciencia vela: continúa agitándose al lado de la conciencia adormecida. Sin duda, entonces también, las comparaciones, las asociaciones, los juicios se forman, fenómenos intelectuales en los que nuestro yo consciente no está involucrado.

No sabríamos dar demasiada importancia a estos fenómenos de la inconsciencia. O, como es necesario eliminar de la metapsíquica todo lo que puede ser explicado por la psicología normal, y puesto que el trabajo inconsciente de la mente es de la psicología normal, debemos constantemente decirnos esto, lo que será una ley absoluta: El inconsciente es capaz de cualquier cosa de lo que pueda hacer el consciente.

Nuestros sentidos nos dan una cierta idea de las cosas, y nosotros conocemos sólo las cosas que nos han sido aportadas por los sentidos. (Nihil est in intellectu quod non prius fuerit in sensu). (No hay nada en el intelecto que no haya estado previamente en el sentido). Pero los arreglos que pueden proporcionar estos datos sensoriales nos aportan ideas de una complejidad extraordinaria. Así es como el inconsciente puede producir los poemas, los discursos, los dramas, las matemáticas, es decir, todo lo que puede producir la inteligencia humana, consciente. Sin embargo, esta riqueza sin precedentes es sólo una riqueza documental; la inteligencia, consciente o inconsciente, si no le suponemos alguna facultad nueva de conocimiento, jamás podrá ofrecer más de lo que le ha sido dado. Ella sólo podrá trabajar sobre los materiales que le hayan sido aportados por las vías sensoriales normales.

Del mismo modo, a raíz de una conocida comparación, un molinillo de café es excelente para moler; pero jamás podrá proporcionar nada más que lo que se le dio a moler.

Supongamos que Hélène Smith jamás hubiese oído una sola palabra de sánscrito, que nunca hubiese hablado este idioma, que no hubiera leído o no hubiera podido leer ningún libro en sánscrito. Entonces, si comienza a hablar y a escribir en sánscrito, es decir, si reinventa este idioma, yo declararé el hecho milagroso, y veré allí un fenómeno metapsíquico; porque ninguna inteligencia humana es capaz de este prodigio.

Pero, antes de llegar a este extremo, haré toda suposición que me sugiera mi reticencia a admitir lo supranormal. En primer lugar hará falta que Hélène me garantice que jamás abrió un libro de sánscrito, y la prueba no es fácil de aportar. Porque, aunque sea de buena fe, pudo haber olvidado que un día, antaño, en una biblioteca pública o privada, ojeó un libro donde había texto en sánscrito. Además, hará falta que la frase en sánscrito no sea una cita simple, sino que sea un verdadero discurso adaptado a las circunstancias presentes. Las condiciones necesarias para que en este caso pueda admitir científicamente la naturaleza transcendental del fenómeno son tan duras que dudo mucho que a menudo pueden encontrarse juntas.

Lo mismo pasaría con A..., que jamás escribió en verso, cuya mente no es poética de ninguna forma, compone en estado mediúmnico una serie de curiosos poemas donde aparece un sentido poético delicado y original. Ella escribe varios volúmenes de poesía, dictados a tal rapidez que es difícil de seguir. Eso es, sin duda muy sorprendente, aunque inesperado. Pero, antes de decir que una inteligencia interviene, otra diferente de la de A... supondré, lo que es más simple, que A... tiene facultades poéticas inconscientes. De hecho sus versos, por muy encantadores que sean, no tienen absolutamente nada que sobrepase la inteligencia humana.

Se bien que los espiritistas y ocultistas van a indignarse, como se indignaron contra mi sabio amigo T. Flournoy. Pero su indignación no se justifica apenas; porque es a ellos a quienes les incumbe probar la injerencia de una inteligencia extraña. Sin embargo, esta prueba, me la facilitarán sólo si llegan a establecer la incapacidad absoluta de la inteligencia humana para componer inconscientemente tales versos, que retiene inconscientemente tales fragmentos de lengua sánscrita.

Pierre Simon Laplace
Laplace dijo en alguna parte más o menos esto: El rigor de las pruebas debe ser proporcional a la gravedad de las conclusiones. Entonces, aceptar que una inteligencia extraterrena anima el cerebro de Hélène Smith para insuflarle el sánscrito, o el cerebro de A... para dictarle versos en francés, esto es tan grave, tan monstruoso, tan contrario al sentido común y a la lógica, que admito toda hipótesis, excepto lo absurdo y lo imposible, antes que la hipótesis de una inteligencia extraterrena. Después de todo, es bastante fácil suponer que Hélène fijó en su impecable memoria algunas frases de sánscrito leídas de un libro hace diez años, y que A... en su inconsciente, compone versos tan rápidamente como un poeta profesional.

Antes de atreverse a afirmar la intervención de otra inteligencia, hay que haber agotado todas las hipótesis normales, tanto como la de un trabajo inconsciente de la mente, como una memoria de la cual nada escapó. En el curso de los capítulos que seguirán, daré ejemplos de este rigor necesario.

Stella me dijo, por los movimientos de la mesa, como si ella encarnase a Louise: Dale a Stella el mármol que está en tu salón. Pero jamás le había dicho a Stella que había un mármol en mi salón. Sin embargo, aunque esto sea extremadamente improbable, no estoy absolutamente seguro de que no se lo dije. No me atrevería a condenar a un hombre a muerte basándome en esto. Entonces hay que ser tan severo para una conclusión científica como lo seríamos para una condena a muerte. Además, alguien pudo haberle dicho a Stella que tenía un mármol en mi salón. Es poco probable, puesto que creo bien que Stella jamás habló con nadie que hubiera entrado en mi salón. Y luego Stella puede haber dicho esta frase al azar. En suma, aunque se trate aquí de hipótesis poco probables, hay otra aún más improbable, y es que la inteligencia de Louise, o una inteligencia extraña cualquiera, le revelara a Stella que había un mármol en mi salón1.

1. Es cierto que, cuando la criptestesia ha sido demostrada sólidamente por múltiples pruebas, podremos aceptar muchos hechos que no podemos considerar hoy. Hoy la demostración está hecha. De ahí, la absoluta necesidad de eliminar despiadadamente todo lo que no es irreprochable, de hecho, la demostración. Tendremos después el derecho de ser menos exigentes.

Ciertamente, habrá un límite para esta severidad, y no debemos empujarlo hasta lo absurdo. Para citar el caso de Hélène Smith, si Hélène, siendo aún joven, jamás había frecuentado una biblioteca, ni a un orientalista, jamás estuvo en Oriente, sostiene una conversación larga en sánscrito, en lugar de mencionar (como ella hizo en realidad) algunas palabras incoherentes de este idioma, si ella capta las sutilezas de la gramática y filológicas de este lenguaje complicado, es decir, si ella sabe sánscrito sin haberlo aprendido, me será imposible admitir la hipótesis de una memoria inconsciente. Ella no estudió el sánscrito, esto es seguro. Entonces, si ella habla bien, no veo cómo, aún en el supuesto, en toda su intensidad, una memoria inconsciente, impecable2, y un trabajo inconsciente complicado, toda una lengua sánscrita conocida y hablada en todos sus detalles podría ser elaborada sobre algunos datos raros de la memoria inconsciente. La adivinación de una lengua desconocida se hará un fenómeno metapsíquico.

2. La palabra impecable no es buena. Para indicar que la memoria no olvidó nada, y que todo lo que ha afectado a nuestros sentidos ha quedado fijado en el cerebro inconsciente, propondré la palabra pantomnesia, lo que quiere decir, según la etimología, que ningún vestigio de nuestro pasado intelectual se ha borrado. Probablemente todos somos pantomnésicos. En la apreciación de los fenómenos metapsíquicos, debemos suponer que no olvidamos absolutamente nada de lo que una vez ha afectado a nuestros sentidos.

Cuando le pregunté a Stella el nombre de una de las mujeres que estuvieron cerca de mí durante mi infancia, me dijo: Mélanie. No pensaba en absoluto en Mélanie, y estoy seguro, más allá del reproche, que el nombre de Mélanie, la cual desapareció de mi vida desde hace más de cincuenta años, y en quién jamás pensé desde hace cincuenta años, jamás a sido pronunciado por mí. Entonces, en este caso, me veo obligado a concluir que allí hubo un fenómeno metapsíquico, porque ni la pantomnesia, ni el trabajo inconsciente, que atrae a viejos recuerdos, puede justificar este nombre de Mélanie (y dejo siempre a un lado la hipótesis de la casualidad).

No se sorprenda si muchas veces no aceptamos como metapsíquicos fenómenos que, sin embargo, a los ojos de los crédulos, tienen una apariencia metapsíquica3. Gracias a la pantomnesia y al trabajo inconsciente de la mente ciertos individuos son capaces de construir rápidamente edificios poéticos, novelescos, científicos, muy complejos, que excitan la admiración, pero que no deben sorprendernos más que si fuesen conscientes.

3. Repetiré aquí que para la palabra metapsíquica me remito a la misma definición; un fenómeno es metapsíquico, cuando supone la intervención de una fuerza extraña, o de una poder desconocido de nuestra inteligencia humana.

Stella, que en estado normal jamás compone poesías, en el estado mediúmnico dicta los versos mediante la mesa, a veces excelentes, sobre un tema determinado, los cuales tienen el número de palabras solicitadas arbitrariamente. Pero, simultáneamente, yo podría señalar sin la menor vanidad, que para una especie de concurso de poesía con Petrarca, dictando la mesa, hablando a través de Stella, componiendo conscientemente cuatro versos sobre un tema determinado, con el número de palabras solicitado, el resultado de esa poesía de encargo no fue, en resumidas cuentas, ni mejor ni peor que la de Petrarca. Esto no es una hipótesis muy inverosímil. En todo caso es mucho más simple que suponer la intervención de Petrarca.

Victor Hugo
Conocemos -y los citaremos más adelante- los magníficos versos que Victor Hugo escribió a la sombra de Molière. La respuesta de Molière es muy bella también, pero ella está muy en el estilo de Victor Hugo. Aunque fuera del estilo de Molière, valdría más creer que es el médium, que, por una imitación inconsciente y hábil, compuso y dictó los versos a la manera de Molière, en lugar de asumir la respuesta real de Molière.

Victorien Sardou
Victorien Sardou trazó, en estado mediúmnico, un dibujo extraño, célebre, titulado: la casa de Mozart. Nada es más singular. Sin embargo, me parecerá siempre más simple suponer que la bella inteligencia de Sardou hizo un trabajo inconsciente, en lugar de suponer que el alma de Mozart muerto volvió para animar los músculos de Victorien Sardou.

Hace falta siempre que cada caso especial sea escrupulosamente estudiado, y en todos sus detalles, antes de afirmar que verdaderamente se trata de un fenómeno metapsíquico.

La Casa de Mozart de Victorien Sardou
Entonces el análisis delicado, difícil, de todos estos casos particulares nos traerá, como se verá más adelante, esta conclusión que tiene un cierto número de hechos intelectuales subjetivos (mucho menos numerosos por otra parte que lo que creen los espiritistas) que ni las pantomnesias, ni la elaboración inconsciente de estas pantomnesias puede explicar.

Y sin embargo, hasta para estos hechos inexplicables para la pantomnesia, no concluiremos que hay entonces intervención de una inteligencia extraña; porque otra hipótesis es posible, y es que la inteligencia humana tiene una extensión más grande que la que solemos atribuirle.

El axioma nihil est intellectu quod non prius fuerit in sensu... (no hay nada en el intelecto que no haya estado previamente en el sentido...), es un axioma hipótesis. Ciertos filósofos añadieron... nisi ipse intellectus (excepto el propio intelecto). Y tuvieron razón, porque después de todo el intelecto posiblemente es mucho más profundo de lo que creemos.

Por otra parte, aquí no se trata solo de la inteligencia; sino de las sensaciones percibidas por la inteligencia. Posiblemente haya otros sentidos además de los cinco sentidos conocidos por nosotros. Ciertos animales, como las palomas, por ejemplo, tienen un sentido de dirección, que, a pesar de todos nuestros esfuerzos de análisis, hemos perdido casi por completo. ¿Porqué no puede haber otras facultades de conocimiento diferentes de nuestros sentidos? Nosotros creemos saber que el imán, aunque actúe sobre el hierro, no influye sobre nuestras células nerviosas. Sin embargo, si alguien llegase a demostrar que la fuerza del imán afecta al sistema nervioso, no me sorprendería extraordinariamente. La telegrafía sin hilos nos ha enseñado que podemos enviar mensajes a través del espacio, sin hilo conductor. Por lo tanto, es muy posible que, por mecanismos análogos, invisibles, inapreciables para nuestros aparatos de física y nuestros sentidos, el cerebro pueda ser influido, sin que nosotros sepamos cómo, sea como un aparato receptor, sea como un aparato transmisor. Es nuestra ignorancia quien limita con nuestros cinco sentidos todo posible conocimiento del mundo exterior.

Por lo tanto, antes de concluir que existe una inteligencia extraña, admitiría de buena gana, por lo menos provisionalmente, esta hipótesis de que hay en nuestra inteligencia facultades de conocimiento que todavía no han sido determinadas, que no son comunes, ni cotidianas, sino irregulares en sus manifestaciones todavía misteriosas.

Ahora bien, esto es de la metapsíquica, y se tratará entonces de decidir entre estas dos hipótesis.
  1. ¿Es una inteligencia extraña que actúa sobre la nuestra?
  2. ¿Acaso nuestra inteligencia está dotada de facultades nuevas de conocimiento?
Para concluir a favor de una u otra suposición, no habrá que contentarse sólo con fenómenos de metapsíquica subjetiva. Convendrá ver, como lo haremos más tarde, si el conjunto de las diversas pruebas que tendrían que hacer creer en una inteligencia extraterrena es bastante fuerte para hacer prevalecer sea la hipótesis de una inteligencia humana, dotada de nuevas facultades, sea la hipótesis de una inteligencia extraña, incorporándose, encarnándose en la inteligencia humana.

En todo caso, en el punto de vista del método, lo que importa ante todo, es que jamás se pierda de vista el precepto de Laplace. Antes de llegar a la metapsíquica, hay que agotar todas las posibilidades de la psíquica. Sin embargo, la psicología nos dice primero que hay pantomnesia, es decir, que ninguna memoria antigua es borrada, y luego que hay, en el inconsciente, tanto como en el consciente, posiblemente hasta más que en el consciente, largas, y sabias, y complicadas elaboraciones.

En resumen, para separar la psíquica y la metapsíquica, adoptaremos el siguiente criterio: Todo lo que pueda hacer una inteligencia humana, aunque sea muy profundo y muy sutil, es psíquico. Será metapsíquico, todo lo que una inteligencia humana, aunque sea muy profundo y muy sutil, no pueda hacer.

Si Hélène Smith habla corrientemente y correctamente el sánscrito, sin haber leído u oído una sola palabra de sánscrito, es metapsíquico, porque ninguna inteligencia está en estado de reconstruir el sánscrito.

A..., creyendo que es inspirada por su guía, componía versos muy elegantes rápidamente escritos: es psíquico, porque muchas personas -y por consiguiente posiblemente A...- son capaces de componer versos elegantes, con tanta rapidez.

Stella me dice el nombre de una antigua sirviente que estaba hace cincuenta años en casa de mis padres. Es metapsíquico, porque con toda certeza jamás pensó en pronunciar este nombre; y ninguna inteligencia humana, consciente o inconsciente, está en estado de poder decir este nombre, sin haberlo aprendido antes.

T... acaba de dejar a su amigo J... al que dejó en buen estado de salud. Lo ve aparecer delante de él, anota la hora y dice: «A las 21 horas J... está muerto.» Es metapsíquico, puesto que ninguna noción psicológica normal de T... puede saber que J... murió a las 21 horas.

Y entonces el trabajo de análisis, al que habrá que prestar una escrupulosa atención, será examinar si los hechos invocados son explicables por las leyes conocidas de la inteligencia, o no hace falta, como pienso poder demostrarlo con pruebas múltiples, suponer una sensibilidad especial que llamaré criptestesia, una facultad de conocimiento nuevo, que es la lucidez de los autores antiguos, la telepatía de los autores modernos.

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Muchas gracias por leer mi blog. Supongo que le ha resultado interesante, puesto que ha llegado hasta aquí.