viernes, 4 de febrero de 2011

Tratado de Metapsíquica de Charles Robert Richet (12)

§ II. -EL AZAR Y EL CÁLCULO DE LAS PROBABILIDADES EN LOS HECHOS METAPSÍQUICOS

En las experiencias donde se estudia la lucidez, pueden presentarse dos casos. A veces es una combinación, de probabilidad P, que aparece espontáneamente, y otras es la misma combinación, de la misma probabilidad P, que aparece por petición. El valor testimonial no es en absoluto el mismo en ambos casos. Por no haber establecido esta distinción, cometemos graves errores.

Le pregunté a Andrée: «¿Cuál es el nombre de la persona que me escribió esta mañana la carta que llevo en mi cartera?» Ella me responde: «Es un nombre de flor: Marguerite (Margarita)». Ahora bien, el nombre no es Marguerite, sino Hélène. De repente, recuerdo que he recibido esta mañana una carta que tenía por toda firma, en caracteres muy grandes, Marguerite, carta que había dejado en mi casa, y en la que no pensaba en absoluto al interrogar a Andrée. ¿Cómo calcular la probabilidad?

Azar
Si, teniendo en mi cartera la carta de Marguerite, hubiese preguntado: «¿Cuál es el nombre de la persona que me escribió la carta que llevo en mi cartera?» y me hubiese respondido: Marguerite, la experiencia habría sido irreprochable, y el cálculo de probabilidades podría realizarse plenamente. Me hubiera bastado entonces con saber que hay cerca de cincuenta nombres muy usuales. La probabilidad de una respuesta correcta habría sido 1/50º. Esa es más o menos la probabilidad de adivinar de antemano en una baraja de cartas cuál será la carta que se va a sacar.

Pero, si no quería obtener ese nombre de Marguerite, todo cambia.

En primer lugar, había dos nombres posibles: Hélène y Marguerite. La probabilidad es de por lo menos 2/50º.

Ahora tenemos que ir mucho más allá; porque, si hubiese sido dado otro nombre, Louise, o Madeleine, o Alice, ¿yo no podría haber pretendido que ayer recibí una carta de Louise, antes de ayer una de Madeleine y hace tres días una de Alice? Así que apenas tengo el derecho a decir que se obtuvo un éxito con una probabilidad de 2/50º. Una respuesta, cuando no es una respuesta directa a la pregunta, tiene un valor probatorio siempre débil.


Molécula de agua
Es como si, en un examen, le pregunto a un alumno: ¿cuál es el gas que se combina con el hidrógeno para obtener el agua? y me responde: el cloro se combina con el sodio para obtener cloruro de sodio.

Aunque es perfectamente cierto que el cloro se combina con el sodio, la respuesta no me habría satisfecho.

El cálculo de probabilidades se ejercita sólo si se impone en condiciones de extremo rigor, porque el menor defecto en la experimentación va a modificar muchísimo la cifra obtenida. Por otra parte, si la experimentación es irreprochable, absolutamente irreprochable (lo que es bastante raro por otra parte), el cálculo de probabilidades podrá ser aplicado rigurosamente.

Supongamos pues que la experiencia es irreprochable, y veamos que cifra nos permitirá decir que no se trata más que del azar.

En la práctica, los científicos no admiten el azar en sus dosificaciones. Supongamos que un químico quiere saber el peso atómico de la plata, y que encuentra que es 108,42. Jamás se le pasará por la cabeza el pensar que fue el azar quien le dio este número. Sin embargo, volverá a hacer la experiencia, y, si en el siguiente experimento encuentra 108,34, tampoco creerá que fue por azar; pero, tomando la medida de estos dos números, adoptará 108,38 como el peso atómico de la plata.

No está claro en un primer momento porqué se niega a la metapsíquica el derecho a entrar en los experimentos, ya que no se niega a la astronomía, a la química, a la fisiología. Y sin embargo, después de reflexionar, comprendemos por qué, en metapsíquica, surge esta posibilidad del azar; porque la experiencia no va a, como en la química o en la fisiología, repetirse con resultados análogos que permitirían tomar la media.

Si, después de haber encontrado el primer día 108,42 para el peso atómico de la plata, el químico encontrase al día siguiente 22,87, estaría forzado a concluir que su primer resultado fue debido al azar. De hecho encontrará al día siguiente, un número muy próximo al número encontrado el primer día, y dos días después también, de modo que los tres resultados 108,42; 108,34; 108,35 no pueden ser atribuidos al azar. Por el contrario, se corroborarán unos a otros.

Después de que Andrée me dijera Marguerite, le pedí al día siguiente otro nombre. Respuesta incorrecta. Dos días después le pedí otro nombre. Respuesta errónea de nuevo. Así que estoy obligado a tener en cuenta estas malas respuestas, y si es el caso, puedo suponer que el resultado feliz de Marguerite fue debido al azar, mientras que para la determinación del peso atómico de la plata, todos los resultados que son muy próximos, no pueden ser debidos al azar.

Vicio terrible el de los experimentos metapsíquicos. Casi nunca pueden repetirse con certeza. Jamás estamos seguros de que mañana obtendremos los mismos buenos resultados que tuvimos hoy. Con esta médium obtuvimos toda una serie de bellos éxitos de lucidez; pero, algunos días después, con la misma médium, delante de una severa comisión, si se quiere repetir uno de estos experimentos, falla miserablemente.

Don Quijote
Esto no quiere decir que hay que desesperar, y todavía menos renunciar al cálculo de las probabilidades. Ni mucho menos. Jamás temamos repetir de nuevo los experimentos. No imitemos a Don Quijote, que, después de haber construido un casco, quiso saber si el objeto era robusto: le asestó un buen golpe de espada que lo quebrantó. Entonces fabricó otro casco; pero, para no correr el peligro de quebrantarlo de nuevo, no quiso probarlo otra vez y se contentó con el que acababa de construir sin probar si era muy sólido.

Después de realizar un experimento y haber obtenido un éxito, no temamos invalidarlo o confirmarlo por una repetición. Al contrario busquemos si es sólido, este experimento, y si va a resistir a una nueva prueba.

Cuanto más se multiplican las comprobaciones, más valor adquieren. Tomando el ejemplo de los nombres, vimos que para Marguerite la probabilidad era de 1/50º, pero en la realidad en este caso era de 2/50º. Del mismo modo supongamos, por la razones dadas anteriormente, que la probabilidad sea de 5/50º (o de 1/10º). Aquí estamos con una probabilidad que no es muy pequeña, y que impedirá, después de un sólo experimento, cualquier conclusión firme. Pero si durante diez días repito este experimento y me da siempre una probabilidad de éxito de 1/10º, será una probabilidad de (1/10)10, es decir, la certeza absoluta (moral).

Jamás obtendré una serie prolongada, sin interrupción, de sucesos. Pero esto no prohíbe de ninguna manera la aplicación del cálculo de probabilidades. En efecto, podemos introducir por el cálculo, entre los experimentos que no fracasaron, los experimentos que fracasaron (probabilidad compuesta).

La fórmula clásica es:


Esta fórmula muestra una serie de experimentos en número de S en los que hubo alternativamente sucesos en número de α con una probabilidad p y de hechos en número de β con una probabilidad q. Naturalmente, α + β = S.

El signo ! indica la multiplicación sucesiva 1 x 2 x 3, etc., hasta la cifra S, como en los arreglos.

Ésta es la probabilidad total, compuesta.

Supongamos que tenemos una urna que contiene seis bolas, cinco negras y una blanca. Hago doce tiradas devolviendo a la urna, después de cada tirada, la bola que ha salido.

p para la bola blanca, es de 1/6,
q para una bola negra, es de 5/6.

Supongamos que el experimento me da para doce tiradas, 5 veces una bola blanca y 7 veces una bola negra (α = 5 y β = 7). La probabilidad de sacar 5 bolas blancas sobre 12 tiradas será de:


lo que conduce más o menos a la fracción de 1/40º.

El cálculo de probabilidades es muy interesante de usar y su fertilidad es grande, pero hay que usarlo con una extrema precaución. Porque el más pequeño error experimental destruye todos los cálculos.


Por otra parte, sin ninguna aritmética, enseguida el sentido común simple permite concluir. Si la palabra Kerveguen me es dada deletreando las letras del alfabeto, mientras que se trate realmente de la palabra Kerveguen, no es necesario calcular la probabilidad (porque es sorprendentemente baja), (1/25)9, para afirmar que el azar no puede estar para nada en la buena respuesta. Así que existe la certeza moral de que existe criptestesia.

No objetaremos que no hay certeza matemática, ya que, hasta con (1/25)100, la certeza matemática no sería obtenida. De hecho, con (1/25)9 o con (1/25)100 la certeza moral es la misma. Sería casi la misma hasta con (1/25)3; porque jamás se tiene, cuando se hace un sólo experimento, un éxito cuando la probabilidad de este éxito es tan débil como 1/15.000.

Es mucho más importante haber hecho uso de un rigor impecable en la experimentación.

Para mostrar hasta qué punto el cálculo de probabilidades es falaz, si el experimento no es perfecto, citaré el caso de las señoritas Creery que, en una larga serie de experimentos de transmisión mental, presentando resultados maravillosos, la probabilidad fue sólo de: 1/100.000.000.000.000.

Que haya unos cuantos ceros más o menos no es muy importante. Lo que importaba era que el experimento fuera impecable. Entonces las señoritas Creery acabaron reconociendo que algunas veces había engaño en sus respuestas, por lo que sus magníficas series no demostraban absolutamente nada.

Carta
Sin que exista engaño evidente, claro, puede haber algún error experimental, tan pequeño como queramos, pero suficiente, sin embargo, para invalidar todos los cálculos. El error es tanto más peligroso puesto que a veces es debido a influencias minúsculas. En un juego de cartas, por ejemplo, la atención inconsciente del sujeto, que siempre está alerta, bien puede encontrar algunos puntos de referencia, inadvertidos para la mayoría de la gente, lo que le permitirá enseguida reconocer tal o cual carta. Y luego quién sabe, cuando vemos una carta y cuando la damos a adivinar, si, por algunas expresiones de nuestro rostro, a pesar de nosotros mismos, no damos a un médium perspicaz vagas indicaciones de las que consciente o inconscientemente va a sacar provecho.

En el juego de la ruleta todos los compartimientos son exactamente iguales. Sin embargo, si hubiese uno que fuese un poco más ancho, una décima de milímetro, esta diferencia imperceptible bastaría para que el cálculo ya no se pudiese aplicar. Sobre 360 tiradas, por ejemplo, el n.º 23 (un poco más ancho), saldría 20 veces, mientras que debería haber salido sólo 16 veces.

Ruleta
Tenemos el derecho de aplicar el cálculo de las probabilidades cuando el experimento sea absolutamente impecable.

Hay otra razón por la que hay que desconfiar del cálculo de probabilidades, y es que ciertos hechos no se prestan a eso, y el cálculo se vuelve imposible. Mad. Green percibe a dos niñas que se ahogan, y cuyos sombreros flotan en la superficie del agua. En ese mismo momento en Australia dos niñas, una de las cuales es una sobrina australiana de Mad. Green que nunca había visto, se ahogaban, y sus sombreros fueron vistos algunas horas después flotando sobre la superficie del agua. ¿Por qué artificio de cálculo lograremos transformar en cifras esta enorme improbabilidad?

Cuando Stella, a la que se le ha pedido el nombre del hijo de G... me dijo: Jean, la probabilidad es relativamente fácil de calcular. ¿Y sin embargo?... ¿Voy a tomar todos los nombres masculinos posibles? (Hay cerca de 200), ¿o los nombres bastante difundidos? (Hay unos 100), ¿o los nombres muy difundidos? (Hay unos 30). Entonces el cálculo me dará, dependiendo de mi fantasía, y muy arbitrariamente, 1/200 o 1/100 o 1/30. Además, supongo que no hubo el más mínimo gesto de G..., que le indicase a Stella, cuando deletreé la letra J, que era preciso detenerse en la J.

En definitiva, vamos a servirnos del cálculo de probabilidades; es una herramienta valiosa. Pero manejémoslo con reserva; porque expone a temerarias afirmaciones.

Por otra parte el cálculo de probabilidades -y esto no deja de ser bastante extraño- es impotente para provocar una convicción definitiva. Por una especie de instinto, medio legitimo, nos negamos a admitir las consecuencias que no parecen evidentes a primera vista.

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Muchas gracias por leer mi blog. Supongo que le ha resultado interesante, puesto que ha llegado hasta aquí.