sábado, 23 de abril de 2011

Tratado de Metapsíquica de Charles Robert Richet (16)

§ III. -FENÓMENOS PSÍQUICOS QUE SE RELACIONAN CON LA PSICOLOGÍA NORMAL Y QUE SÓLO TIENEN LA APARIENCIA DE LA CRIPTESTESIA

Hemos señalado anteriormente sobre la necesidad de no introducir en la metapsíquica los hechos que pueden explicarse por las leyes de la psicología normal, clásica.

Claude Bernard
Es notable que, casi todas las leyes que presentan en un experimento, los médiums, incluso cuando tienen en la literatura espiritista un tinte muy ligero (incluso a veces nulo si son nuevos en la mediumnidad), le atribuyan a una personalidad diferente a ellos mismos el origen de los pensamientos transmitidos por la mesa, por el tablero, por la escritura. Me parecía, y también a todos aquellos que han experimentado, que es ventajoso, para obtener experiencias exitosas, hacer esta suposición de que interviene una personalidad. Ciertamente, esto no implica ninguna creencia en la realidad de esta personalidad. Es sólo un procedimiento de experimentación, un método de investigación, una hipótesis de trabajo, siguiendo la expresión de Claude Bernard.

Eusapia Palladino
Casi en todos los experimentos de espiritismo, hay personificación. Tomo prestada la palabra a J. Maxwell, que denominó así la tendencia que tienen los médiums en sus respuestas, a atribuirles los fenómenos y las respuestas a una personalidad distinta. Estas personalidades son algunas veces múltiples, pero en general es una la que tiene prioridad sobre las demás, y no les permite a las otras personalidades tomar el sitio. Esto es lo que llamamos un guía en el lenguaje espiritista. Los fenómenos notables (objetivos) que presentaba Eusapia Paladino eran atribuidos por ella a John King. De igual forma, los fenómenos (subjetivos) presentados por Mad. Piper eran atribuidos por ella a Phinuit.

Esta personificación se explica muy bien por el inconsciente. El inconsciente es como un extraño que vive en nosotros, cuyos movimientos, ideas, recuerdos, voluntades, sentimientos, son completamente ajenos a nuestra consciencia. Así que, naturalmente, este inconsciente se crea una personalidad.

Para saber si esta nueva personalidad es real o imaginaria, tenemos que estudiar lo que se describe, en la psicología clásica, bajo el nombre de desdoblamientos y de cambios de personalidad.

El Doctor Philippe Tissié hipnotizando a Albert Dadas,
en segundo plano el Doctor Eugène Azam
Los médicos habían observado, que en algunos casos, por otra parte bastante raros, se hace una transformación de toda la mentalidad de una persona A... A... se convierte en otro, se atribuye otro nombre, el nombre de B... por ejemplo, y pierde sus recuerdos para adquirir los que son especiales de este B... imaginario. Todo sucede como si A... y B... fueran dos personas, con gustos, sentimientos, gestos, actitudes completamente distintas. Desde el famoso caso de Azam, hemos tenido muchos ejemplos: M. Prince, en Estados Unidos, informó de algunos hechos notables.

En el estado hipnótico, los magnetizadores, de una manera extremadamente vaga, habían señalado que podían transformar, a través de afirmaciones verbales, tal sujeto adormecido en una nueva personalidad. Pero no tenían apenas, al parecer, comprensión de las implicaciones de estas experiencias, y todo fue discutido. En 1887 hice el estudio metódico de estos cambios de personalidad, que, desde esta época, han tenido lugar entre los fenómenos clásicos del hipnotismo.

He aquí en qué consiste este hecho singular. Le digo a una chica joven, Alice, hipnotizable e hipnotizada... «Tú ya no eres Alice; eres una mujer vieja.» (Poca importancia tiene que se hubiera practicado o no pases magnéticos: la sugestión verbal lo hace todo.) Entonces enseguida Alice adquiere la tos, el paso, la voz rota de una mujer vieja. Durante una hora, durante dos horas, durante más tiempo, si la paciencia de los observadores no se cansa, se comporta en los pensamientos y en los gestos absolutamente como una mujer vieja. Esto es, si se quiere, una comedia, pero es una comedia que es involuntaria, fatal, no controlada, en la inteligencia dócil de Alice, por la sugestión y el hipnotismo. Nada es más extraordinario, y me atrevo a decir, más divertido, que esta adaptación rápida, exacta, total, a una nueva personalidad.

No hubo ninguna objeción a la simulación. Cierto es que una simulación es posible. Pero no hay simulación. Hoy la cuestión es juzgada, y no volveremos allá. Y después es muy importante saber si, en las profundidades de su consciencia, Alice no conserva un recuerdo vago de que ella es Alice. Lo que es evidente, indiscutible, es que ella se deja llevar, no puede parar, de interpretar al personaje que se le ha impuesto. Que quede en ella un residuo de su personalidad anterior, es más que posible, es seguro; pero en cualquier caso la inteligencia, toda entera, se adapta momentáneamente a la personalidad sugerida, y esto con una energía, una tenacidad, una perfección que los actores más hábiles serían radicalmente incapaces de igualar.

La conformidad con la nueva personalidad es tal que la propia escritura se cambia.

De este modo podemos imponer a Alice todas la personalidades posibles; somos obedecidos inmediatamente. Ella se convierte en un general, un niño, un pastelero, una gran dama, una mujer del mercado. Tenemos la comedia que queramos.

La experiencia todavía puede ser llevada más lejos. Algunos sujetos pueden llegar a tomar personalidades animales. Le digo a mi buen amigo H. Ferrari, hipnotizado por mí, y al que había convertido en un loro: ¿Porqué aleteas preocupado? Y me responde: ¿Acaso puedo comer el grano que está en mi jaula? La palabra mi jaula es típica, porque indica hasta qué punto F... había transformado su personalidad en la de un loro.

Aquí es donde yo voy. Porque no hay razón para sorprenderse ingenuamente si los mensajes espiritistas parecen provenir de una personalidad real. Nada es más fácil para la mente humana que crear una personificación. Que la formación de esa persona haya sido provocada por una sugestión extraña, o por un acontecimiento exterior cualquiera, o por una autosugestión, el fenómeno es el mismo. No tiene nada de metapsíquico. La formación de una persona ficticia pertenece a la psicología normal. Y entonces, una vez que todos los fenómenos inconscientes se producen, se agrupan alrededor de una personalidad que crean.

He comparado este fenómeno a la cristalización de una solución saturada de sal. Los cristales se forman alrededor de tal o cual centro. Del mismo modo, los recuerdos, las emociones, van a concentrarse alrededor de tal o cual personalidad inventada.

Es principalmente a través de la escritura automática, o por los movimientos de la mesa, o más raramente por los golpeteos sobre la mesa, que se manifiestan estas personalidades espiritoides. A veces toman prestada la voz del médium. La convicción es tan profunda, la comedia tan perfecta, la inconsciencia tan absoluta, que los asistentes son ganados a su vez y no pueden suponer que todas estas atribuciones psicológicas se dirigen a un ser imaginario1.

1. El ejemplo más bello posiblemente de estos cambios de personalidad es el caso de Hélène Smith, convirtiéndose en María Antonieta. Th. Flournoy ha hecho un estudio a fondo.

Escritura automática
He aquí una mujer que toma un lápiz, y sin querer nada, sin entender nada, sin saber nada, con una rapidez febril escribe páginas y páginas; su escritura se vuelve completamente diferente de su escritura normal; durante diez minutos, una media hora, a veces más tiempo, escribe, todavía escribe. Las frases se suceden sin fin. Cuando una hoja de papel es cubierta de escritura, enseguida otra hoja blanca de papel es tomada para ser embadurnada en un santiamén de nuevo. Y sin embargo, la persona que escribe no sabe en absoluto lo que hace; pudo, durante todo el tiempo, continuar la conversación, muy pausadamente, muy correctamente, con la gente que estaba a su alrededor. Todo sucede como si su personalidad desapareciese para ser sustituida por otra que toma su mano para escribir.

Y entonces ella dice de buena fe: ¡No soy yo! Y los asistentes de buena fe dicen: ¡Ella no es! Y por poco que esta escritura sea, durante una serie de días, coherente como grafismo, como estilo, como ideas -y es extremadamente coherente en general- por poco que sea hábil en la imitación del estilo de tal o cual personaje evocado, cada uno de los asistentes en la asamblea estará convencido, profundamente convencido, que este personaje (un espíritu) ha intervenido, que ha escrito, que nos ha hecho saber sus voluntades.

Pero en verdad no podemos admitir que es una nueva personalidad, más que cuando le dije a Alice: Ahora eres un viejo general, y hablaba como un viejo general. Que se quede de la personalidad anterior, normal, una consciencia precisa, o vaga, o nula; en ningún caso la realidad de una personalidad extraña es aceptable.

Y esto es verdad tanto para los médiums como para los sonámbulos. Solamente, en lugar de ser, como entre los sonámbulos, una personalidad que ha sido impuesta por sugestión, es en los médiums una personalidad que se creó a partir de cero, por autosugestión. Pero no importa. La personalidad que llega es ficticia, arbitraria: No tiene más realidad exterior que las creaciones de los poetas: La Esmeralda o Carmen, Figaro o Don Juan.

De esta escritura automática, daré algunos ejemplos, aunque sólo sea para establecer la amplia improbabilidad de una personalidad que pretendo reclamar2.

Rufina Noeggerath
2. Mad. Noeggerath, una mujer de corazón generoso, que murió a edad avanzada, hace algunos años, valoró, con diferentes médiums, durante cerca de medio siglo, un gran número de sesiones, y dedicó toda su vida a difundir la doctrina espiritista en la que tenía una fe profunda. Publicó en un libro: La Survie, sa réalité, sa manifestation, sa philosophie. Echos de l'Au-delá (La Supervivencia, su realidad, su manifestación, su filosofía. Ecos del Más allá), París, Flammarion, 1897, los mensajes supuestamente enviados por los espíritus de los muertos: Pitágoras, Sócrates, Buda, Fénelon, Bossuet, Molière, Abélard, Moisés, San Juan, Robespierre, Cuvier, Diderot. Esta lista sola bastaría para mostrar el vacío de esta fe.

Usted me descuida, me olvida en medio de los mimos de su mundo. Usted me hace esperar cuando imploro una simple reunión familiar. Usted me presenta como una máquina neumática: no puedo caminar hacia lo desconocido, hacia el vacío.

Venecia, que tantos autores célebres cantaron, Venecia la floreciente, ¿qué queda de su gloria? La gloria de Venecia se acabó; ¡los vicios de sus arrogantes dignatarios la mataron! Sublimes enseñanzas de Jesús, ¿dónde estáis ahora? Todo ha desaparecido. La cruz proyectó una sombra funesta, porque los fantasmas interceptaban sus rayos.

La vida planetaria sirve para poner en práctica las resoluciones tomadas en el estado errático, es decir, durante la vida sideral. En esta última, las necesidades del cuerpo no serían más que para forzar a la mente a actuar, la vida podría sólo ser contemplativa.

¡Qué tristes tiempos! ¡Qué tristes días! ¡Cómo está velada mi alma! ¿Cómo he caído tan bajo? ¿Porqué no puedo olvidar? ¿Porqué, ante mis ojos los rayos, y de pronto la oscuridad? ¡y la vaga sensación de un pasado que me fue cruel y que no puedo reconstruir! ¡Oh! ¡gritos de terror, sangre que fluye, todavía humeante!...

Mademoiselle de Sombreuil
Y sin duda estas palabras de sangre que todavía humeaba despertaron en la memoria de la médium el recuerdo de Mlle. de Sombreuil, porque, inmediatamente después de Fouquier-Tinville, Mlle. de Sombreuil llegó, y dijo estas asombrosas cosas:

Amo a Fouquier-Tinville. Lo amo desde el momento que me salvó la vida. Lo vi bello, lo vi grande a su manera. ¡Sí! ¡yo lo amo! yo sufro tanto cuando se exalta mi virtud, y cuando lo llaman un monstruo, yo lo amo, ¡ah! ¡el amor! ¡el amor!

Dejemos estas divagaciones: nos harían reír si no fueran -lo que, sin embargo, es bastante doloroso- consideradas, por personas honorables, como documentos positivos. De hecho, no son más que manifestaciones de la mente inconsciente de los médiums, que están a menudo por debajo de la mediocridad.

Obviamente, hay excepciones a la pobreza fisiológica de las comunicaciones espiritistas. M. Carmelo Samona3, antes de pedir a un espíritu por qué no le decía nada del Más allá, obtuvo inmediatamente, a través de golpes acompasados, esta respuesta simbólica, realmente bella: Non mangerai pane il cui seme non abbia dormito prima nello nuda terra, la cui bionda spiga non si sia curvata al soffio del vento, e non sia caduta poi sotti l'inexorabile falca del mietitore (No coma pan de la semilla que no haya dormido primero en la tierra desnuda, cuya rubia espiga no haya sido doblada por el soplo del viento, y no haya caído a continuación por la inexorable hoz del segador).

3. Psiche misteriosa (Psique misteriosa), (1910, Palermo), 64.

En cuestión de minutos, Laure, dirigiéndose a Petrarca, le dice: (a través de Stella, que en estado normal no es una poeta):

Si yo fuera el aire que respiras,
¡Amigo, que dulce yo sería!
Te arrancaría tu sonrisa,
¡De besos exquisitamente locos!

Victor Hugo
Pero entre las excepciones más notables están los versos dictados por Victor Hugo, quien creía en el espiritismo4.

4. «La mesa giratoria, o parlante, ha sido fuertemente burlada. Hablemos claro. Esta burla es irrelevante. Reemplazar el examen por la burla, es cómodo, pero poco científico... La ciencia es ignorante y no tiene derecho a soñar. Un sabio que se ríe de lo posible está muy cerca de ser un idiota. Lo inesperado debe ser siempre esperado por la ciencia.» (Shakespeare, Lacroix, París, 8º, 1864).

Jules Bois, en una interesante obra5, nos da algunos detalles curiosos sobre Victor Hugo espiritista. Él fue convertido por Madame Emile de Girardin en Jersey, el 6 de septiembre de 1853. A la primera sesión, Vacquerie preguntó: «¿Cuál es la palabra en la que estoy pensando?» La mesa respondió: «Tu quieres decir sufrimiento». Lo que Vacquerie había pensado era amor. Respuesta ingeniosa e inesperada.

5. Le Mirage moderne (El Espejismo moderno), París, Ollendorff, 1907.

Charles Hugo
En las sesiones posteriores, Victor Hugo no estaba a la mesa. Charles Hugo era el médium. Él no sabía inglés. Un Inglés llegó, invocando a Lord Byron, que respondión en inglés:

Vex not the bard, his lyre is broken,
His last song sung, his last word spoken.
(Vex no es el bardo, su lira está rota,
Su última canción cantada, su última palabra hablada.)

Las extrañas respuestas, apocalípticas, son atribuidas a Ezequiel, al león de Androcles. Sobre el manuscrito existe al margen esta asombrosa frase de Victor Hugo: «Los volúmenes dictados por la mesa a mi hijo Charles contienen una respuesta del león de Androcles».

Cada uno de estos versos es de por sí admirable; pero hay una prestigiosa incoherencia en el desarrollo:

Así es como habla Esquilo:

No, el hombre nunca será libre sobre la tierra:
Éste es el triste cautiverio de lo bueno, de lo malo, de lo bello,
No se puede llegar a ser -es la ley del misterio-
Libre sin convertirse en un prisionero de la tumba.

Fatalidad, león cuya alma es devorada,
Quise domarte con brazo ciclópeo,
Quise sobre mi espalda llevar tu piel atigrada,
Me gustaba que me dijera: «Esquilo el nemeo».

Yo no conseguí: La bestia leonada humana
Aún desgarra nuestra carne con sus garras eternas.
El corazón humano está todavía lleno de gritos de odio,
Este foso de leones no tiene de Daniel.

Después de mí vino Shakespeare, él vio a las tres brujas,
O Nemea, llega a las profundidades del bosque,
Y echa en nuestros corazones sus calderas inquietantes,
Los filtros monstruosos del inmenso secreto.

Vino a este gran bosque, al borde del mundo;
Después de mi, el domador, vino él, él, el cazador.
Y, mientras miraba en su alma profunda,
Macbeth gritó: «Huyamos», y Hamlet dijo: «Tengo miedo.»


Se salvó. Molière, entonces sobre el borde,
Apareció, y dijo: «Ver si mi alma se debilita.
Comandante, vamos a cenar». Pero al festín de Pierre
Molière temblaba mientras Don Juan palideció.


Pero sea el espectro, o la bruja, o la sombra,
Siempre que usted, león, y su garra de hierro.
Tu llenas tanto el gran bosque sombrío,
Que Dante te encuentre al entrar en el infierno.


No estás domesticado hasta el momento de la muerte, señor de las bestias,
Te arranca de los dientes el alma humana en colgajo,
Te coge, en el bosque profundo y secular,
Y te señala con el dedo tu jaula, la tumba.


Algunas veces Victor Hugo interrogaba a los espíritus, y naturalmente, dio lugar a versos admirables. Un día se dirige a Molière:


Los reyes, y ustedes, allá arriba, ¿cambiáis de vestimenta?
Luis catorce en el cielo, ¿es tu siervo?
Francisco primero, ¿es el loco de Triboulet?
Y Creso, ¿el lacayo de Esopo?


No es Molière quien respondió: es la Sombra del Sepulcro.


El Cielo no castiga por tales trucos,
Y no disfraza de loco a Francisco primero,
El infierno no es un baile de payasos grotescos,
De quien el castigo negro sería la vestimenta.

Mal satisfecho de esta respuesta, Hugo se dirige nuevamente a Molière:

Tu que del viejo Shakespeare recogiste el cesta,
Tu que cerca de Othello esculpiste al sombrío Alceste,
Astro que resplandece sobre un horizonte doble,
Poeta en el Louvre, arcángel en el cielo, ¡oh gran Molière!
Tu visita espléndida honra mi casa.

¿Me tenderás allá en la altura tu mano hospitalaria?
Que la fosa para mí se abra en el césped.
Veo sin miedo la tumba de las sombras eternas;
Porque sé que el cuerpo encuentra allí una prisión,
Pero el alma encuentra sus alas.

Entonces, la Sombra del Sepulcro, probablemente irritada, respondió:

Espíritu que quiere saber el secreto de las tinieblas,
Y quien, teniendo en mano la celeste antorcha,
Ven furtivo, a tantearnos, en nuestras sombras fúnebres,
¡Forzar la tumba inmensa!

Vuelve a tu silencio, y apaga tus velas,
Vuelve a esta noche de la que algunas veces sales,
El ojo humano no ve las cosas eternas,
Sobre el hombro de los muertos.

Bellos versos, pero que ciertamente no son más de Molière y de Esquilo que del león de Androcles.

En las primeras sesiones dadas por Hélène Smith, fue Victor Hugo quien la inspiraba. Entonces Victor Hugo interpretado por Hélène Smith escribía versos curiosamente mirlitonescos6:

6. Flournoy, loc. cit. (lugar citado)


El amor, divina esencia, insondable misterio,
No lo rechaces en absoluto. Es el cielo sobre la tierra.
El amor, la caridad será tu vida entera;
Disfrutar y hacer disfrutar; pero jamás estés orgulloso de eso.

El león de Androcles era mucho más poeta que el Victor Hugo de Hélène Smith.

Por otra parte, la Sombra del Sepulcro hablaba también en prosa, y también tenía una prosa magnífica. Así, como Victor Hugo le había reprochado por usar expresiones simbólicas, la Sombra respondió:

«¡Imprudente! Dices: La Sombra del Sepulcro habla el lenguaje humano, que se sirve de imágenes bíblicas, de palabras, de metáforas, de mentiras, la verdad sea dicha... La Sombra del Sepulcro no es una mascarada, soy una realidad. Si desciendo ha hablar su jerga donde lo sublime consiste en tan poca tempestad, entonces ustedes están limitados. La palabra, es la cadena del espíritu; la imagen, es la picota del pensamiento; vuestro ideal, es el collar del alma; vuestro sublime es una mazmorra; vuestro cielo es el techo de una bodega; vuestra lengua es un ruido vinculado con un diccionario. Mi lengua para mí, es la Inmensidad, es el Océano, es el Huracán. Mi biblioteca contiene millares de estrellas, millones de planetas, millones de constelaciones... Si quieres que te hable en mi lenguaje, asciende al Sinaí, y me oirás en los relámpagos; asciende al Calvario, y me verás en los rayos; desciende a la tumba, y me sentirás en la clemencia.»


Si como parece, la hipótesis es probable, es el inconsciente de Charles Hugo quien dictó esta prosa y estos versos, el inconsciente de Charles Hugo alcanzaba el genio del maestro.


Hay otros casos bastante interesantes, para los cuales es también necesario suponer una intervención exclusivamente humana.


Hermance Dufaux
Hermance Dufaux, joven chica de catorce años de edad, escribió una Vida de Juana de Arco, dictada por Juana de Arco7 y las Confesiones de Luis XI. Allan Kardec da fe de la sinceridad de esta joven chica, cuando afirma haber escrito estos libros por inspiración, sin consultar los archivos y documentos históricos.


7. Revue spirite (Revista espiritista), 1858, pág. 73, y la Verité (Verdad), 29 de mayo de 1864 (1 vol., E. Dentu, París, 1858).


Se presentan cuatro hipótesis:


1.º Un fraude grosero, simple, que consiste en ir a buscar, en bibliotecas públicas o en libros fácilmente disponibles, las informaciones necesarias. Lo mismo que P. Mérimée pudo escribir, con un talento delicioso, sin ninguna pretensión espiritista por otra parte, el théâtre de Clara Gazul (teatro de Clara Gazul).

La hipótesis es plausible; sin embargo, harían falta astucia, habilidad, picardía, de las que esta honorable joven chica era posiblemente incapaz (?).

2.º Una memoria irreprochable, con inconsistencia parcial, que hace encontrar, a Hermance, en el momento deseado, todo lo que ha leído y oído. Su inteligencia inconsciente, más prudente que su inteligencia consciente, repite todos los detalles leídos y oídos para clasificarlos, condensarlos, verificarlos, atribuyéndoles a las supuestas personalidades de Juana de Arco y de Luis XI los recuerdos de todas sus lecturas. ¡Que podemos decir y escribir si encontramos así todos los vestigios de todas nuestras lecturas! ¡Incluso hasta los catorce años podemos haber leído ya mucho!

Hermance Dufaux, hablando como Juana de Arco o como Luis XI, es un poco como Hélène Smith, que se cree, muy sinceramente y con una maravillosa facultad de adaptación, unas veces la reina María Antonieta, y otras Cagliostro.

Esta hipótesis admito que es casi tan probable como la primera, aunque en extremo rigor una tercera hipótesis es aceptable.

3.º Por nociones criptestésicas, Hermance, que es una médium sensitiva, conoce hechos, nombres, fechas, acontecimientos, de los que sus sentidos normales no se han enterado. Y entonces estos conocimientos de orden metapsíquico se agrupan alrededor de la personalidad que la autosugestión ha creado.

Antes de admitir esta aventurada hipótesis, haría falta -lo que a más de medio siglo de distancia es imposible- saber exactamente cuáles fueron los límites de las lecturas de la joven Hermance.

4.º Es Luis XI, es Juana de Arco, cuyas consciencias no desaparecieron del universo, las que escribieron por la mano de Hermance.

Y he aquí una hipótesis terriblemente absurda. Sin embargo, esta es una pregunta que debemos hacernos hasta que hayamos demostrado previamente la imposibilidad radical de los tres primeros supuestos.

Si insistí en este caso de Hermance Dufaux, es porque se aplica exactamente a todos los casos de escritura automática que se invocaron para suponer la identificación de las personas muertas.

Bersot8 cuenta que en 1853 se imprimió, en Guadalupe, Juanita, una novela, por una silla, seguido de un proverbio y de algunas otras cosas análogas sin sentido del mismo autor.

8. Citado por Grasset, loc. cit. (lugar citado), 195.

Charles Dickens
La historia de Ch. Dickens, dictando, después de su muerte, el fin de su novela: The mystery of Edwin Drood (El misterio de Edwin Drood), es aún más sorprendente9. En 1872 un joven mecánico zapatero, llamado James, habiendo recibido sólo una educación escolar limitada, se le descubrieron actitudes medianímicas para la escritura automática. En octubre de 1872, por la escritura, Dickens, que acababa de morir, le expresó el deseo de terminar una novela comenzada, que le interrumpió la muerte. James se puso manos a la obra, es decir, a la escritura, bajo el dictado de Dickens, y escribió. El total hizo un volumen bastante grueso que ciertos críticos consideraron como muy digno de Dickens. Yo soy incompetente para decidirlo, lo mismo que para apreciar la similitud de las escrituras, el empleo del dialecto de Londres en lugar de las expresiones americanas, el conocimiento de la topografía de Londres; pero todos nosotros sabemos que las imitaciones son fáciles (vea A la manière de... -A la manera de...- por Muller y P. Reboux). Además, aunque la imitación fuese más perfeccionada, yo no concluiría que el alma de Dickens intervino. Aunque la buena fe de James esté establecida, aunque la incapacidad de la inteligencia normal que crea esta imitación genial fue debidamente probada, me gustaría ver otra cosa que la supervivencia de Dickens. Todas las suposiciones me parecerían preferibles a esta hipótesis ingenua y simple, pero terriblemente inverosímil, y para mí inadmisible, de que Ch. Dickens volvió del otro mundo para mover los músculos braquiales de James.

9. The mystery of Edwin Drood (El misterio de Edwin Drood), 1873, de Clark Bryan, Springfields, Mass. The Spiritualist (El espiritista), 1873, 322.

Lenguaje marciano de
Hélène Smith
El lenguaje marciano, creado por el genio formidable de Hélène Smith, indica todo aquello de lo que es capaz el inconsciente. Nadie puede razonablemente suponer que este idioma tuviera alguna realidad, es decir, que los habitantes de Marte (si los hay) hablan este lenguaje barroco derivado del francés. Flournoy mostró, en su libro incomparable, cuales eran los mecanismos mentales que llevaron a cabo la creación de un nuevo lenguaje. El lenguaje marciano de Hélène Smith hace suponer que el lenguaje sánscrito hablado por ella depende de la misma inspiración inconsciente10.

10. Otra prueba de lenguaje marciano y de novela marciana, bastante miserable por otra parte, ha sido intentado por Mad. Smead, que J. Hyslop estudió. No hay gran enseñanza que aprender, J. Hyslop. C. La médianimité de Mad. Smead (La medianimidad de Mad. Smead), A.S.P., 1906, VI, 461-502).

Sin embargo, el problema es un poco más incierto para el sánscrito de Hélène Smith que para su lenguaje marciano, porque el sánscrito es una lengua real, por otra parte extraordinariamente difícil. En aquel entonces Hélène no tenía libros sánscritos a su disposición (los libros sánscritos no son muy abundantes); no frecuentó las bibliotecas públicas, y sin embargo, lo que dice es manifiestamente del sánscrito, un sánscrito rudimentario, defectuoso y sin forma, pero a fin de cuentas del sánscrito11.

11. En sus Nouvelles observations (Nuevas observaciones) (pág. 212-213) Flournoy dijo que una persona en la casa en la cual Hélène daba las sesiones tenía una gramática sánscrita que se encontraba en la misma habitación en la que se celebraban las sesiones. Pero, ¿cómo habría podido Hélène encontrar en medio de una sesión el tiempo para reflexionar sobre esta gramática, sin el conocimiento de todos, para penetrar lo elemental? ¿Acaso ella a escondidas, tal vez inconscientemente, se había llevado durante un tiempo el libro a su casa?

Ferdinand de Saussure
M. de Saussure, dirigiéndose a los innumerables lectores para quienes el sánscrito es desconocido, y queriendo ponerles en condiciones de apreciar la corrección del sánscrito de Hélène, tuvo la ingeniosa idea de mostrar por comparación con el latín lo que es el sánscrito de Hélène: Meate domina mea sorore forinda indi deo indesingodio deo primo domine obera mina loca suave tibi offisio et ogurio et olo romano sua dinata perano die nono colo desimo ridere pevere nove.


Es un latín silvestre, incomprensible, en el que hay, aquí y allá, algunas palabras que tienen un sentido aisladamente. En todo caso, -lo que es muy extraño por otra parte- es que no hay la letra f en el sánscrito de Hélène. Pero la letra f no existe en sánscrito, y sin duda tendría que tener alguna iniciación en esta lengua para saber que no hay f. Es cierto que no hay u tampoco, sino ou, que a veces Hélène pronunció u, a pesar de que escribió ou.

Este problema del sánscrito de Hélène Smith es muy delicado, y no puede ser tratado a la ligera. Tendría que admitir, no ciertamente la encarnación de un príncipe indio, pero si una cierta criptestesia que permitió a Hélène servirse de algunas pizcas de lengua sánscrita. Esta es la opinión reflejada por Fr. Myers, y yo la adopto, con todas las reservas necesarias.

A través de la escritura automática, muchos otros libros han sido escritos. Pero habría que tener una enfermiza, y casi criminal, credulidad para admitir que era Thermotis, la hija de un Faraón egipcio, quien dictó la obra titulada le Pharaon Menephtah (el Faraón Menephtah)12.

12. Le Pharaon Menephtah (El Faraón Menephtah), 2 vol., 2º, París, Ghio, edición y Librería de ciencias psicológicas, y del mismo autor: Episode de la vie de Tibère (Episodio de la vida de Tiberio), 1 vol., L'Abbaye des Bénédictins (La Abadía de los Benedictinos), 2 vol.

El espíritu de Rochester, que dictó, conjuntamente con Thermotis, estas páginas singulares, fruto de un automatismo mental tan humano como mediocre, fue, al parecer, en otro tiempo, un cierto Caius Lucilius. Tales fantasías no valen la pena de ser retenidas.

Letters from a living dead man
Por otra parte es toda una literatura. Citaré las Letters from a living dead man (Cartas de un hombre muerto en vida), por X... (Londres y Nueva York, 1914); X... fue un magistrado americano, versado en las ciencias filosóficas (probablemente David P. Hatch, de Los Ángeles, California). Fue también X... quien escribió, a través de Elsa Barker, por tanto por escritura automática, las War Letters from the living dead man (Cartas de Guerra del hombre muerto en vida) (Londres, Ryder, 1918). Mismo vago y generoso idealismo que en los escritos similares. Nada, absolutamente nada prueba que hubo otra inteligencia que la inteligencia inconsciente del escritor automático. Recientemente acaba de aparecer un libro en Nueva York, que fue enteramente escrito por escritura automática, es el segundo de la serie. Pero no hay el más débil indicio de una inteligencia diferente de la inteligencia humana ordinaria, muy noblemente idealista, sino un idealismo que toda persona de espíritu cultivado puede alcanzar sin dificultad13.

13. To woman from Meslom, a message from Meslom in the life beyond, received automatically by Mary Mc Evilly (Para la mujer de Meslom, un mensaje de Meslom sobre la vida en el más allá, recibido automáticamente por Mary Mc Evilly), Nueva York, Brentano, 1920.

El carácter de esta literatura del inconsciente es bastante claramente tajante para que se lo reconozca fácilmente. Es ante todo una tendencia a las grandes frases místicas y vagas sobre los destinos del alma, sobre las fuerzas imperecederas del alma humana. Siempre estas divagaciones del inconsciente son muy fuertemente religiosas, como si se tratase de trazar los contornos de una nueva religión, con ritos y doctrinas. Es también siempre un amor de la humanidad que sería conmovedor si no se tratase de una filantropía nublada y enfática. Los escritos automáticos detestan la precisión. Eluden cualquier indicación precisa, complaciéndose con trivialidades muy comunes. Diríamos que son como los poetas que no conocen la poesía; como los filósofos que no conocen la filosofía; como los sacerdotes que no conocen la religión; pero que hacen los unos y los otros un esfuerzo encomiable para darnos, en un lenguaje poético y nebuloso, consejos sobre una filosofía y preceptos para una religión.

En todo caso, salvo en rarísimas excepciones, a pesar de sus puerilidades cómicas, todas estas emanaciones del inconsciente son, como Myers lo indica justamente, de una moralidad indiscutible, tendiendo a desarrollar lo mejor de la generosidad humana.

Tablero de ouija. En su centro el máster
Un pequeño libro, interesante, sobre la escritura automática a sido propuesto por Mad. Hesther Travers Smith, donde ella misma narra los personajes de su medianimidad. Ella operaba por otra parte, unas veces por la escritura, otras veces por el tablero14. Ella tenía cuatro guías, Peter, Eyen, Astor y Shamar. Los resultados no son muy demostrativos, o como criptestesias pragmáticas (psicometría) o como premoniciones. Pero encontraremos datos útiles sobre la conducta que hay que tener en las sesiones de escritura automática o de tablero.

14. Nota del Búho Miope: Aquí Richet cita literalmente planchette, supongo que se está refiriendo al máster de un tablero de ouija.

Paisaje Ultra-marciano pintado por Hélène Smith
Además de la escritura automática, hay el dibujo automático, y a veces los resultados son interesantes. Hélène Smith trazó cuadros espiritistas curiosos15. Tenía una visión (alucinaciones) delante de ella, y reproducía sobre el cuadro los contornos y los colores de esta visión. Pero, como tardaba mucho en pintar, dando a veces sólo dos o tres pinceladas al día, hacía falta más de un año para terminar un cuadro en particular. Sin embargo, lo terminaba, y cada vez que quería pintar, o cada vez que fue empujada a pintar, la visión reaparecía.

15. A. Lemaitre, Une étude psycologique sur les tableaux médianimiques de Mad. H. Smith (Un estudio psicológico sobre los cuadros medianímicos de Mad. H. Smith) (Arch. de Psycologie [Archivos de Psicología], de Ginebra, julio de 1907).

Otros dibujos han sido reproducidos también por M. Claparède16.

16. Bull. de la Soc. Méd. de Genève (Boletín de la Sociedad Médica de Génova), 3 de junio de 1918, A. S. P., 1909, XIX, 147.

El comandante Le Goarant de Tromelin a menudo me envió dibujos espiritistas muy extraños, compuestos por él mismo en un estado de semi-sonambulismo. Cada letra está constituida por figuras humanas o animales yuxtapuestas.

Dr. Gustav Geley
Geley conoce a una dama que le mostró cartones donde automáticamente han sido representadas, con mucha finura, abstracciones diversas, la ira, la gula, la avaricia, bajo formas de personajes caricaturescos.

Acabo de ver los dibujos producidos, en estado medianímico, por Mad. Blocus, de Saint-Amand (Cher). Ella no es de ninguna manera médium profesional, aunque su madre tuviera desde hace tiempo la escritura automática. Sus dibujos, a veces de una estética encantadora, son unos dibujos de ornamentación, muy variados, y compuestos con una rapidez asombrosa.

Obra medianímica de Fernand Desmoulin
Jules Bois citó muy numerosos casos de dibujos medianímicos. Cuenta la historia de Victorien Sardou que compuso un dibujo inspirado por Bernard de Palissy, y que tituló la Maison de Mozart (la Casa de Mozart) (Bernard de Palissy fue un drama que Sardou había compuesto, y que le había sido negado). También está la Maison de Zoroastre (la casa de Zoroastro) dibujada bajo el mismo estilo, también por Victorien Sardou. Fernand Desmoulin, Hugo d'Alési, pintores de talento cuando están en su estado consciente, pudieron, en el estado medianímico, es decir, en estado inconsciente, componer cuadros curiosos y dibujos a veces notables.

El mecanismo es el mismo tanto para los dibujos automáticos como para la escritura automática. La mano dibuja, y hasta colorea, en lugar de escribir; esa es toda la diferencia. El impulso es irresistible, involuntario, pareciendo completamente independiente, no sólo de la voluntad, sino además de la consciencia del médium. En un punto del papel es indicado un rasgo cuya persona, y el médium, no más que los demás, entiende el significado. Sin embargo, este rasgo se une curiosamente a otros rasgos análogos, que parecen, estar aislados, carentes de cualquier significado, y que finalmente adquieren uno, que es muy claro. A veces, individuos incultos, e inhábiles en el dibujo, producen así composiciones singulares y complicadas, siempre simbólicas. Éstos son fenómenos propios del sonambulismo. Parece difícil de ver allí una influencia metapsíquica cualquiera.

La literatura espiritista abunda en producciones de esta naturaleza. Pero haría falta una culpable dosis de credulidad para ver allí otra cosa que las elucubraciones estéticas del inconsciente. Todas ellas tienen más o menos un carácter de simbolismo vagamente oriental, que a veces no está exenta de cierta belleza extraña17.

17. Ver los dibujos medianímicos de Machner (A. S. P., 1908, XV, 86) y de Petit Jean (A. S. P., 1911, XXI, 360).

En realidad, todas estas escrituras, todas estas pinturas, habrían podido ser absolutamente obras humanas. En ninguna parte vemos aquí el quid divinum, que nos permita atribuirlos a alguna inteligencia superior a una inteligencia humana, de nivel medio. Por consiguiente, queriendo rechazar de lo metapsíquico todo aquello de lo que lo psíquico es capaz, no los introduciremos en la ciencia metapsíquica. Ellos no constituyen más que un muy curioso capítulo de la psicología normal, al que comprometemos a todos los psicólogos a estudiar cuidadosamente.

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Muchas gracias por leer mi blog. Supongo que le ha resultado interesante, puesto que ha llegado hasta aquí.