domingo, 30 de enero de 2011

Tratado de Metapsíquica de Charles Robert Richet (11)

SEGUNDO LIBRO
DE LA METAPSÍQUICA SUBJETIVA

CAPÍTULO PRIMERO
METAPSÍQUICA SUBJETIVA EN GENERAL

§ I. -LÍMITES ENTRE LA PSÍQUICA Y LA METAPSÍQUICA

Inmediatamente nos encontramos con una dificultad importante. En efecto, tan pronto como se pueden explicar por una extrema agudeza de la inteligencia humana y por una construcción sistemática inconsciente ciertos fenómenos de supuesta lucidez, es evidente que entonces no debemos invocar más la metapsíquica, es decir, a suponer que son facultades desconocidas de nuestra inteligencia, o son injerencias de otras inteligencias. Nos bastará con decir: «Estos son sólo los efectos de una inteligencia humana muy penetrante.»

Por tanto, estamos obligados a considerar en primer lugar cuáles son los límites de la inteligencia humana.

Problema tanto más arduo cuando los fenómenos intelectuales múltiples se producen sin que la consciencia sea advertida de ello. Y esto, es la psicología normal, clásica posterior a Leibniz. La mente puede funcionar sin que la conciencia se ocupe de este trabajo; las operaciones intelectuales muy complicadas se pueden llevar a cabo sin nuestro conocimiento; todo un mundo de ideas se estremece en nosotros, que nosotros no conocemos. Probablemente ningún recuerdo del pasado se ha desvanecido. La conciencia olvida mucho: la memoria no olvida nada; todo el montón de imágenes antiguas es conservado, casi intacto, a pesar de haber desaparecido de la conciencia. Porque la inconsciencia vela: continúa agitándose al lado de la conciencia adormecida. Sin duda, entonces también, las comparaciones, las asociaciones, los juicios se forman, fenómenos intelectuales en los que nuestro yo consciente no está involucrado.

No sabríamos dar demasiada importancia a estos fenómenos de la inconsciencia. O, como es necesario eliminar de la metapsíquica todo lo que puede ser explicado por la psicología normal, y puesto que el trabajo inconsciente de la mente es de la psicología normal, debemos constantemente decirnos esto, lo que será una ley absoluta: El inconsciente es capaz de cualquier cosa de lo que pueda hacer el consciente.

Nuestros sentidos nos dan una cierta idea de las cosas, y nosotros conocemos sólo las cosas que nos han sido aportadas por los sentidos. (Nihil est in intellectu quod non prius fuerit in sensu). (No hay nada en el intelecto que no haya estado previamente en el sentido). Pero los arreglos que pueden proporcionar estos datos sensoriales nos aportan ideas de una complejidad extraordinaria. Así es como el inconsciente puede producir los poemas, los discursos, los dramas, las matemáticas, es decir, todo lo que puede producir la inteligencia humana, consciente. Sin embargo, esta riqueza sin precedentes es sólo una riqueza documental; la inteligencia, consciente o inconsciente, si no le suponemos alguna facultad nueva de conocimiento, jamás podrá ofrecer más de lo que le ha sido dado. Ella sólo podrá trabajar sobre los materiales que le hayan sido aportados por las vías sensoriales normales.

Del mismo modo, a raíz de una conocida comparación, un molinillo de café es excelente para moler; pero jamás podrá proporcionar nada más que lo que se le dio a moler.

Supongamos que Hélène Smith jamás hubiese oído una sola palabra de sánscrito, que nunca hubiese hablado este idioma, que no hubiera leído o no hubiera podido leer ningún libro en sánscrito. Entonces, si comienza a hablar y a escribir en sánscrito, es decir, si reinventa este idioma, yo declararé el hecho milagroso, y veré allí un fenómeno metapsíquico; porque ninguna inteligencia humana es capaz de este prodigio.

Pero, antes de llegar a este extremo, haré toda suposición que me sugiera mi reticencia a admitir lo supranormal. En primer lugar hará falta que Hélène me garantice que jamás abrió un libro de sánscrito, y la prueba no es fácil de aportar. Porque, aunque sea de buena fe, pudo haber olvidado que un día, antaño, en una biblioteca pública o privada, ojeó un libro donde había texto en sánscrito. Además, hará falta que la frase en sánscrito no sea una cita simple, sino que sea un verdadero discurso adaptado a las circunstancias presentes. Las condiciones necesarias para que en este caso pueda admitir científicamente la naturaleza transcendental del fenómeno son tan duras que dudo mucho que a menudo pueden encontrarse juntas.

Lo mismo pasaría con A..., que jamás escribió en verso, cuya mente no es poética de ninguna forma, compone en estado mediúmnico una serie de curiosos poemas donde aparece un sentido poético delicado y original. Ella escribe varios volúmenes de poesía, dictados a tal rapidez que es difícil de seguir. Eso es, sin duda muy sorprendente, aunque inesperado. Pero, antes de decir que una inteligencia interviene, otra diferente de la de A... supondré, lo que es más simple, que A... tiene facultades poéticas inconscientes. De hecho sus versos, por muy encantadores que sean, no tienen absolutamente nada que sobrepase la inteligencia humana.

Se bien que los espiritistas y ocultistas van a indignarse, como se indignaron contra mi sabio amigo T. Flournoy. Pero su indignación no se justifica apenas; porque es a ellos a quienes les incumbe probar la injerencia de una inteligencia extraña. Sin embargo, esta prueba, me la facilitarán sólo si llegan a establecer la incapacidad absoluta de la inteligencia humana para componer inconscientemente tales versos, que retiene inconscientemente tales fragmentos de lengua sánscrita.

Pierre Simon Laplace
Laplace dijo en alguna parte más o menos esto: El rigor de las pruebas debe ser proporcional a la gravedad de las conclusiones. Entonces, aceptar que una inteligencia extraterrena anima el cerebro de Hélène Smith para insuflarle el sánscrito, o el cerebro de A... para dictarle versos en francés, esto es tan grave, tan monstruoso, tan contrario al sentido común y a la lógica, que admito toda hipótesis, excepto lo absurdo y lo imposible, antes que la hipótesis de una inteligencia extraterrena. Después de todo, es bastante fácil suponer que Hélène fijó en su impecable memoria algunas frases de sánscrito leídas de un libro hace diez años, y que A... en su inconsciente, compone versos tan rápidamente como un poeta profesional.

Antes de atreverse a afirmar la intervención de otra inteligencia, hay que haber agotado todas las hipótesis normales, tanto como la de un trabajo inconsciente de la mente, como una memoria de la cual nada escapó. En el curso de los capítulos que seguirán, daré ejemplos de este rigor necesario.

Stella me dijo, por los movimientos de la mesa, como si ella encarnase a Louise: Dale a Stella el mármol que está en tu salón. Pero jamás le había dicho a Stella que había un mármol en mi salón. Sin embargo, aunque esto sea extremadamente improbable, no estoy absolutamente seguro de que no se lo dije. No me atrevería a condenar a un hombre a muerte basándome en esto. Entonces hay que ser tan severo para una conclusión científica como lo seríamos para una condena a muerte. Además, alguien pudo haberle dicho a Stella que tenía un mármol en mi salón. Es poco probable, puesto que creo bien que Stella jamás habló con nadie que hubiera entrado en mi salón. Y luego Stella puede haber dicho esta frase al azar. En suma, aunque se trate aquí de hipótesis poco probables, hay otra aún más improbable, y es que la inteligencia de Louise, o una inteligencia extraña cualquiera, le revelara a Stella que había un mármol en mi salón1.

1. Es cierto que, cuando la criptestesia ha sido demostrada sólidamente por múltiples pruebas, podremos aceptar muchos hechos que no podemos considerar hoy. Hoy la demostración está hecha. De ahí, la absoluta necesidad de eliminar despiadadamente todo lo que no es irreprochable, de hecho, la demostración. Tendremos después el derecho de ser menos exigentes.

Ciertamente, habrá un límite para esta severidad, y no debemos empujarlo hasta lo absurdo. Para citar el caso de Hélène Smith, si Hélène, siendo aún joven, jamás había frecuentado una biblioteca, ni a un orientalista, jamás estuvo en Oriente, sostiene una conversación larga en sánscrito, en lugar de mencionar (como ella hizo en realidad) algunas palabras incoherentes de este idioma, si ella capta las sutilezas de la gramática y filológicas de este lenguaje complicado, es decir, si ella sabe sánscrito sin haberlo aprendido, me será imposible admitir la hipótesis de una memoria inconsciente. Ella no estudió el sánscrito, esto es seguro. Entonces, si ella habla bien, no veo cómo, aún en el supuesto, en toda su intensidad, una memoria inconsciente, impecable2, y un trabajo inconsciente complicado, toda una lengua sánscrita conocida y hablada en todos sus detalles podría ser elaborada sobre algunos datos raros de la memoria inconsciente. La adivinación de una lengua desconocida se hará un fenómeno metapsíquico.

2. La palabra impecable no es buena. Para indicar que la memoria no olvidó nada, y que todo lo que ha afectado a nuestros sentidos ha quedado fijado en el cerebro inconsciente, propondré la palabra pantomnesia, lo que quiere decir, según la etimología, que ningún vestigio de nuestro pasado intelectual se ha borrado. Probablemente todos somos pantomnésicos. En la apreciación de los fenómenos metapsíquicos, debemos suponer que no olvidamos absolutamente nada de lo que una vez ha afectado a nuestros sentidos.

Cuando le pregunté a Stella el nombre de una de las mujeres que estuvieron cerca de mí durante mi infancia, me dijo: Mélanie. No pensaba en absoluto en Mélanie, y estoy seguro, más allá del reproche, que el nombre de Mélanie, la cual desapareció de mi vida desde hace más de cincuenta años, y en quién jamás pensé desde hace cincuenta años, jamás a sido pronunciado por mí. Entonces, en este caso, me veo obligado a concluir que allí hubo un fenómeno metapsíquico, porque ni la pantomnesia, ni el trabajo inconsciente, que atrae a viejos recuerdos, puede justificar este nombre de Mélanie (y dejo siempre a un lado la hipótesis de la casualidad).

No se sorprenda si muchas veces no aceptamos como metapsíquicos fenómenos que, sin embargo, a los ojos de los crédulos, tienen una apariencia metapsíquica3. Gracias a la pantomnesia y al trabajo inconsciente de la mente ciertos individuos son capaces de construir rápidamente edificios poéticos, novelescos, científicos, muy complejos, que excitan la admiración, pero que no deben sorprendernos más que si fuesen conscientes.

3. Repetiré aquí que para la palabra metapsíquica me remito a la misma definición; un fenómeno es metapsíquico, cuando supone la intervención de una fuerza extraña, o de una poder desconocido de nuestra inteligencia humana.

Stella, que en estado normal jamás compone poesías, en el estado mediúmnico dicta los versos mediante la mesa, a veces excelentes, sobre un tema determinado, los cuales tienen el número de palabras solicitadas arbitrariamente. Pero, simultáneamente, yo podría señalar sin la menor vanidad, que para una especie de concurso de poesía con Petrarca, dictando la mesa, hablando a través de Stella, componiendo conscientemente cuatro versos sobre un tema determinado, con el número de palabras solicitado, el resultado de esa poesía de encargo no fue, en resumidas cuentas, ni mejor ni peor que la de Petrarca. Esto no es una hipótesis muy inverosímil. En todo caso es mucho más simple que suponer la intervención de Petrarca.

Victor Hugo
Conocemos -y los citaremos más adelante- los magníficos versos que Victor Hugo escribió a la sombra de Molière. La respuesta de Molière es muy bella también, pero ella está muy en el estilo de Victor Hugo. Aunque fuera del estilo de Molière, valdría más creer que es el médium, que, por una imitación inconsciente y hábil, compuso y dictó los versos a la manera de Molière, en lugar de asumir la respuesta real de Molière.

Victorien Sardou
Victorien Sardou trazó, en estado mediúmnico, un dibujo extraño, célebre, titulado: la casa de Mozart. Nada es más singular. Sin embargo, me parecerá siempre más simple suponer que la bella inteligencia de Sardou hizo un trabajo inconsciente, en lugar de suponer que el alma de Mozart muerto volvió para animar los músculos de Victorien Sardou.

Hace falta siempre que cada caso especial sea escrupulosamente estudiado, y en todos sus detalles, antes de afirmar que verdaderamente se trata de un fenómeno metapsíquico.

La Casa de Mozart de Victorien Sardou
Entonces el análisis delicado, difícil, de todos estos casos particulares nos traerá, como se verá más adelante, esta conclusión que tiene un cierto número de hechos intelectuales subjetivos (mucho menos numerosos por otra parte que lo que creen los espiritistas) que ni las pantomnesias, ni la elaboración inconsciente de estas pantomnesias puede explicar.

Y sin embargo, hasta para estos hechos inexplicables para la pantomnesia, no concluiremos que hay entonces intervención de una inteligencia extraña; porque otra hipótesis es posible, y es que la inteligencia humana tiene una extensión más grande que la que solemos atribuirle.

El axioma nihil est intellectu quod non prius fuerit in sensu... (no hay nada en el intelecto que no haya estado previamente en el sentido...), es un axioma hipótesis. Ciertos filósofos añadieron... nisi ipse intellectus (excepto el propio intelecto). Y tuvieron razón, porque después de todo el intelecto posiblemente es mucho más profundo de lo que creemos.

Por otra parte, aquí no se trata solo de la inteligencia; sino de las sensaciones percibidas por la inteligencia. Posiblemente haya otros sentidos además de los cinco sentidos conocidos por nosotros. Ciertos animales, como las palomas, por ejemplo, tienen un sentido de dirección, que, a pesar de todos nuestros esfuerzos de análisis, hemos perdido casi por completo. ¿Porqué no puede haber otras facultades de conocimiento diferentes de nuestros sentidos? Nosotros creemos saber que el imán, aunque actúe sobre el hierro, no influye sobre nuestras células nerviosas. Sin embargo, si alguien llegase a demostrar que la fuerza del imán afecta al sistema nervioso, no me sorprendería extraordinariamente. La telegrafía sin hilos nos ha enseñado que podemos enviar mensajes a través del espacio, sin hilo conductor. Por lo tanto, es muy posible que, por mecanismos análogos, invisibles, inapreciables para nuestros aparatos de física y nuestros sentidos, el cerebro pueda ser influido, sin que nosotros sepamos cómo, sea como un aparato receptor, sea como un aparato transmisor. Es nuestra ignorancia quien limita con nuestros cinco sentidos todo posible conocimiento del mundo exterior.

Por lo tanto, antes de concluir que existe una inteligencia extraña, admitiría de buena gana, por lo menos provisionalmente, esta hipótesis de que hay en nuestra inteligencia facultades de conocimiento que todavía no han sido determinadas, que no son comunes, ni cotidianas, sino irregulares en sus manifestaciones todavía misteriosas.

Ahora bien, esto es de la metapsíquica, y se tratará entonces de decidir entre estas dos hipótesis.
  1. ¿Es una inteligencia extraña que actúa sobre la nuestra?
  2. ¿Acaso nuestra inteligencia está dotada de facultades nuevas de conocimiento?
Para concluir a favor de una u otra suposición, no habrá que contentarse sólo con fenómenos de metapsíquica subjetiva. Convendrá ver, como lo haremos más tarde, si el conjunto de las diversas pruebas que tendrían que hacer creer en una inteligencia extraterrena es bastante fuerte para hacer prevalecer sea la hipótesis de una inteligencia humana, dotada de nuevas facultades, sea la hipótesis de una inteligencia extraña, incorporándose, encarnándose en la inteligencia humana.

En todo caso, en el punto de vista del método, lo que importa ante todo, es que jamás se pierda de vista el precepto de Laplace. Antes de llegar a la metapsíquica, hay que agotar todas las posibilidades de la psíquica. Sin embargo, la psicología nos dice primero que hay pantomnesia, es decir, que ninguna memoria antigua es borrada, y luego que hay, en el inconsciente, tanto como en el consciente, posiblemente hasta más que en el consciente, largas, y sabias, y complicadas elaboraciones.

En resumen, para separar la psíquica y la metapsíquica, adoptaremos el siguiente criterio: Todo lo que pueda hacer una inteligencia humana, aunque sea muy profundo y muy sutil, es psíquico. Será metapsíquico, todo lo que una inteligencia humana, aunque sea muy profundo y muy sutil, no pueda hacer.

Si Hélène Smith habla corrientemente y correctamente el sánscrito, sin haber leído u oído una sola palabra de sánscrito, es metapsíquico, porque ninguna inteligencia está en estado de reconstruir el sánscrito.

A..., creyendo que es inspirada por su guía, componía versos muy elegantes rápidamente escritos: es psíquico, porque muchas personas -y por consiguiente posiblemente A...- son capaces de componer versos elegantes, con tanta rapidez.

Stella me dice el nombre de una antigua sirviente que estaba hace cincuenta años en casa de mis padres. Es metapsíquico, porque con toda certeza jamás pensó en pronunciar este nombre; y ninguna inteligencia humana, consciente o inconsciente, está en estado de poder decir este nombre, sin haberlo aprendido antes.

T... acaba de dejar a su amigo J... al que dejó en buen estado de salud. Lo ve aparecer delante de él, anota la hora y dice: «A las 21 horas J... está muerto.» Es metapsíquico, puesto que ninguna noción psicológica normal de T... puede saber que J... murió a las 21 horas.

Y entonces el trabajo de análisis, al que habrá que prestar una escrupulosa atención, será examinar si los hechos invocados son explicables por las leyes conocidas de la inteligencia, o no hace falta, como pienso poder demostrarlo con pruebas múltiples, suponer una sensibilidad especial que llamaré criptestesia, una facultad de conocimiento nuevo, que es la lucidez de los autores antiguos, la telepatía de los autores modernos.

domingo, 2 de enero de 2011

Tratado de Metapsíquica de Charles Robert Richet (10)

§ IV. -LOS MÉDIUMS1

1. En el curso de este libro encontrará muchos detalles sobre los médiums que no tienen lugar aquí. Este capítulo es por lo tanto necesariamente abreviado, para no duplicar lo que se dirá más adelante. La verdadera historia de los médiums, es casi toda la metapsíquica.

La palabra médium, execrable por otra parte, se ha establecido por su uso. Es imposible desterrarla2. Significa intermediarios entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.

2. ¿Debemos por tanto utilizar esta palabra para las mujeres? Parece ser que podría decirse la médium.

Stainton Moses
Entre los médiums poderosos, enérgicos, que, como Home, Eusapia, Stainton Moses, Florence Cook, tienen fenómenos objetivos, vivos, y los médiums que tan sólo tienen fenómenos subjetivos, hay una distancia considerable. Debemos hacer una clase separada para los médiums de efectos físicos, telequinesias y materializaciones.

Esos son seres excepcionales, extremadamente raros. Incluso los que pueden provocar raps sin contacto son bastante raros también.

Su psicofisiología no es muy rica en enseñanzas. No sabríamos decir sobre ellos si son más o menos inteligentes que el común de los mortales. Nada los distingue de una persona normal, y no podemos separarlos de otros humanos más que por la facultad extraña que poseen, sólo entre los hombres, de provocar, en las sesiones espiritistas, las materializaciones de formas (manos, personas), y los movimientos de la materia (ruidos, golpes, voces, olores).

Esta rareza extrema de los poderes telequinésicos no es una objeción. Es necesario admitir que no todos los hombres son exactamente iguales. Ciertos niños extraordinarios están dotados, a una edad muy temprana, de potencias de memoria y de cálculo tan sorprendentes que quedamos boquiabiertos delante de ellos. Podemos concebir que existe, entre la multitud de personas, individuos excepcionales.

Los poderes criptestésicos son mucho más comunes que los poderes telequinésicos. La criptestesia en todos sus grados de poder está tan difundida, y la telequinesia es tan rara que no podemos asimilar las criptestesias (bastante comunes) a las telequinesias (muy raras).

Digamos que en realidad hay dos grupos muy distintos en la mediumnidad:
  1. Médiums de efectos físicos;
  2. Médiums de efectos psíquicos.
La telequinesia es un fenómeno claramente caracterizado; las materializaciones lo son aún más claramente. El fenómeno telequinesico elemental, aquel que numerosos médiums obtienen, sin ser capaces de llegar a la telequinesia y a la materialización, es el rap, es decir, una vibración sonora (sin contacto) en la madera de una mesa o de una silla. Ya, sin embargo, la delimitación entre médiums capaces o incapaces de producir raps se hace bastante difícil, porque muy a menudo se oyen pequeños ruidos muy ligeros, apenas perceptibles, en una mesa que apenas toca el médium, y el ruido es tan débil que casi no podemos fiarnos de él.

Hay que volver a trazar aquí la biografía de los grandes médiums de materializaciones y de telequinesia. Pero hablaremos de eso en el capítulo de las materializaciones.

Mad. d'Espérance
Cuando hemos citado a HomeFlorence CookStainton MosesEusapia, Mad. d'Espérance, Eglinton, Linda Gazzera, Slade, Marthe Béraud, Miss Goligher, Stanislawa Tomczyk, hemos nombrado los principales. Vemos que el número es pequeño.

El número de médiums que producen raps es muchísimo más grande. Pero no sabría dar ninguna estadística a este respecto.

Desgraciadamente estos médiums de efectos físicos a menudo abusan de su poder. Se imaginan que podrán enriquecerse por sus poderes milagrosos, y entonces, como las hermanas Fox, como los hermanos Davenport, como Eglinton, como Slade, dan sesiones públicas para sacar un beneficio monetario de sus facultades. De ahí al fraude, sólo hay un paso, y un paso que tienen, si no siempre, que atravesar muy a menudo.

También los médiums profesionales de efectos físicos son terriblemente sospechosos, y las precauciones que hay que tomar en contra de sus maquinaciones deben ser de una severidad implacable. (Además, aunque su buena fe consciente fuera absoluta, habría que tomar las mismas precauciones.)

Hay razones muy buenas para no rechazar a priori toda experimentación con los grandes médiums profesionales.
  1. Producían sin duda, al principio de su carrera, fenómenos auténticos. Léa y Catherine Fox no habrían, de forma deliberada, inventado toda esta historia de los raps de Hydesville, si no hubieran empezado a tener realmente raps.
  2. Linda Gazzera materializando una mano
  3. Las médiums como Mad. d'Espérance, como Florence Cook, como Linda, como Eusapia, como Marthe Béraud, jamás tomaron ninguna lección de prestidigitación y de ilusionismo. Ellas comprobaron fenómenos extraños, y, casi a pesar de ellas, siguieron la vía que les fue abierta. Es por la necesidad de la causa que les atribuimos una habilidad técnica extraordinaria, superior a la de los profesionales más expertos, Robert Houdin, Hamilton, Maskelyne, porque han engañado a los expertos más advertidos, en condiciones de control severo, en múltiples y variadas sesiones, mientras que por otra parte ni R. Houdin, ni Hamilton, ni Maskelyne jamás pudieron imitar lo que hacen.
En cuanto a los médiums de sólo efectos psíquicos, todas las transiciones más matizadas se observan entre ellos y las personas normales. Me parece que todo individuo normal es capaz, en un momento dado de su vida, de tener alguna lucidez pasajera. Pero, con el fin de no apartarnos demasiado de la terminología habitual, les aplicaremos provisionalmente la denominación de médiums a las personas que creen que están en relación con personalidades extrañas.

En efecto, adoptamos para la definición de la metapsíquica, una ciencia que tiene por objeto los fenómenos que parecen depender de una inteligencia, y de una inteligencia distinta de la inteligencia humana. Los médiums son entonces unos individuos, con inconsciencia parcial o total, que dicen palabras, realizan actos, hacen gestos, palabras, gestos, actos que parecen sustraídos de su voluntad, y parecen independientes de su inteligencia. Sin embargo, estos fenómenos inconscientes son inteligentes, sistemáticos, a veces coordinados con una maravillosa penetración. Así que enseguida se está estudiando si los fenómenos inconscientes se deben a la inteligencia humana, o a una inteligencia sobrehumana.

Vamos, a tomar un ejemplo concreto, clásico, Hélène Smith, escribiendo por la escritura automática de los abundantes mensajes que atribuye a María Antonieta. ¿Es la inteligencia de Hélène la que hace todo? ¿Es otra inteligencia distinta de la de Hélène? ¿Será María Antonieta, será una fuerza inteligente cualquiera quien acciona los gestos, las palabras, la escritura de Hélène?

Entraremos a un debate en profundidad sobre las dos hipótesis.

Por el momento mostraremos que hay solamente transiciones graduales, casi imperceptibles, entre estos supuestos médiums y los individuos normales. La demarcación no es sólo difícil, sino imposible, mientras que entre los médiums verdaderos, es decir, de efectos físicos, y los normales, hay una brecha enorme, un foso profundo, una diferencia esencial.

Podemos establecer la siguiente gradación:

A.- El primer grado de desviación de la normalidad, es la producción de movimientos inconscientes ligeros, casi imperceptibles, los cuales bastan sin embargo para hacer pecibir a un individuo las sensaciones y las voluntades de la inconsciencia. Y sin duda, hay más de un 50% de personas normales que, a través de un ligero temblor muscular, que ignoran, traicionan sus pensamientos: como en el juego de willing game3, que a veces conduce a resultados sorprendentes.

3. Nota del Búho Miope: El willing game (juego de la voluntad) era un popular juego de salón relacionado con la telepatía, practicado en Gran Bretaña hacia finales del siglo XIX. En el juego, una persona (a la que llamaremos A) salía del salón. Los demás se ponían de acuerdo sobre algún objeto o acción simple que A debería identificar o llevar a cabo. A regresaba al salón, y todos los demás debían permanecer en silencio y quietos, pero debían pensar intensamente lo que A debía hacer. A entonces trataba de adivinar lo que debía hacer, y o bien recuperar el objeto o realizar la acción. Al parecer, el juego era frecuentemente resuelto con éxito (de otra manera no se habría hecho popular). Este hecho se atribuía a la telepatía, aunque se piensa que los vistazos o pequeños movimientos realizados por la gente que habían permanecido en el salón servían de pista sutil para indicarle a A qué es lo que tenía que hacer.

Estos movimientos involuntarios e inconscientes se producen tan a menudo, tan claramente, que es un capítulo de la fisiología normal. Estamos lejos de toda la metapsíquica.

B.- El segundo grado, es la creación de una nueva personalidad a través del hipnotismo. La personalidad normal reaparece al despertar, pero, durante la hipnosis y la sugestión hipnótica, aparece una nueva personalidad, que es obviamente falsa, ya que el magnetizador la crea según su propia fantasía, y, que puede mantenerse, si el magnetizador lo impone por sugestión verbal.

Esta nueva personalidad, arbitraria, transitoria, artificial, todavía cabe en la psicología normal clásica.

C.- El tercer grado es el estado medianímico, es decir, la producción de una nueva personalidad que el médium se creó por autosugestión. El hipnotismo actúa a través de la heterosugestión; la mediumnidad por autosugestión. Hay sólo una diferencia muy pequeña entre la personalidad de María Antonieta, que Hélène Smith tomó por si misma, o la personalidad de María Antonieta, que Hélène Smith habría tomado por imposición de su magnetizador.

Las escrituras automáticas pertenecen a este grupo, y no hay que dar a esta importante manifestación psicológica un lugar cualquiera dentro de la metapsíquica, -por lo menos sólo en cuanto al fenómeno de la escritura automática- porque la hipótesis de una inteligencia extraña, no humana, no tiene en la inmensa mayoría de los casos ninguna razón de ser. Puesto que puedo sugerirle a Alice que es María Antonieta, puesto que Alice juega admirablemente el papel de la infortunada reina, ¿porqué voy a suponer, que cuando Hélène Smith toma espontáneamente el mismo papel, y lo juega con no menos perfección, que es la reina de Francia quien se encarnó en Hélène Smith? Es una suposición infantil, totalmente gratuita.

Mad. Leonora Piper
D.- El cuarto grado, es cuando esta nueva personalidad es capaz de la criptestesia; cuando verdaderamente parece conocer cosas que el médium no conocía, hechos que sólo la segunda personalidad podía conocer. Éste es el caso de Mad. Piper encarnada como Phinuit o como George Pelham.

El guía del médium (es decir, la nueva personalidad que aparece) parece ser entonces de una fuerza extraña, verdaderamente extraña. Podemos llamar a estos fenómenos los fenómenos metapsíquicos, puesto que todas las inteligencias consideradas normales no bastan para explicar las extrañas y poderosas criptestesias que presentan estos sensitivos. No necesito añadir que la opinión de que una fuerza extraña actúa sobre ellos es sólo una hipótesis.

Posiblemente habría que reservarles el nombre de médium a los individuos capaces de acción material mecánica, sin contacto, y de materializaciones. Éste es el quinto grado. Entonces a los fenómenos de criptestesia, a las alucinaciones que sobrevienen en el trance espiritista, cercano del trance hipnótico, vienen a añadirse los fenómenos materiales, levitaciones, telequinesias, raps, y sobre todo materializaciones.

No hay evidencia de que las personalidades secundarias no sean siempre exclusivamente humanas, debidas a modalidades de la inteligencia humana, mientras que con los fenómenos materiales aparece algo nuevo, transcendental, de verdadera metapsíquica, que sobrepasa la psicología normal, y que apenas puede explicarse sin la intervención de fuerzas desconocidas que parecen inteligentes.

Como este libro es ante todo un tratado didáctico, voy a dar, para precisar, ejemplos de cada uno de estos casos psicológicos, que constituyen las transiciones insensibles del estado normal al estado de médium.

1er grado. -Antoniette no es hipnotizable. Pero, si le tomo la mano y le pido pensar en un objeto que ella escondió en un rincón de la habitación, ella se sorprende mucho, cuando, guiado por ella y por sus movimientos inconscientes, descubro este objeto.

grado. -Alice es hipnotizada. Si le digo que es un viejo general, ella da la imagen caricaturesca de un viejo general; tose, escupe, habla precipitadamente, jura, pide una absenta, etc. Y ella juega a esta ingenua comedia con una rara perfección durante una hora entera.

3er grado. -Hélène Smith por autosugestión imagina ser María Antonieta. Habla el idioma, camina plena de dignidad, presenta la escritura y la ortografía de la reina de Francia. Con absoluta sinceridad interpreta esta extraordinaria comedia con una perspicacia maravillosa, durante semanas y meses.

Mad. Camus pone la mano en la mesa, y escribe largas frases, febrilmente, donde ella ignora su sentido; ella no sabe lo que escribe y habla sobre otra cosa mientras está escribiendo. Vincent es el espíritu que la guía, que es supuestamente el inspirador de todas las mundanas disertaciones metafísicas y teosóficas con las que ella rellena el papel.

grado. -Mad. Piper pierde gradualmente su consciencia normal. Por lo tanto, unas veces es Phinuit, otras George Pelham, a veces Myers, otras veces R. Hodgson, quienes hablan por ella. Pero estas personalidades, muy probablemente imaginarias y debidas a autosugestiones, están dotados de una potencia criptestésica asombrosa. Moniciones, premoniciones, telepatías, todas estas lucideces estallan a cada una de las palabras que, dice la voz de Mad. Piper, siendo Phinuit, o George Pelham, o Myers o R. Hodgson, por lo que hace falta un gran esfuerzo de racionalismo -que hasta es posiblemente un error- para no atribuir a una inteligencia que no sea otra que Mad. Piper estos fenómenos de inteligencia casi sobrehumana.

Mad. Léonard, Mad. Briffaut, Stella, la vidente de Prévorst, entre otros, son médiums de este orden.

grado. -Eusapia cae, sin ser hipnotizada, en estado de trance. Después, a través del intermediario, según dice ella, de John King, hace mover objetos, que ella no toca; materializa las manos, a veces la cabeza de John King, y a veces aparecen otros fantasmas.

Stanislawa Tomczyk
HomeMad. d'EspéranceFlorence CookStainton MosesStanislawa Tomczyk, Miss Goligher, Marthe Béraud, son médiums del mismo género. Y la mayoría de las veces, al mismo tiempo que los fenómenos mecánico-físicos materiales, aparecen criptestesias. La posesión por una inteligencia extraña parece ser completa, no sólo por el conocimiento de cosas desconocidas por el propio médium, sino además por el poder que le es dado sobre la materia.

Por otra parte, de hecho, la mayoría de las veces los médiums verdaderos (con telequinesis) son también unos sensitivos; es decir, que tienen criptestesias a veces admirables. Stainton Moses y Home están en este caso. Eusapia tenía sólo efectos físicos mecánicos, y Mad. Piper sólo tenía efectos psicológicos.

Sin pretender deducir nada, es un hecho que los grandes médiums, desde el principio de los fenómenos producidos, bien sean mecánicos, o criptestésicos, atribuyen todo su poder a un guía. Del mismo modo, si uno quiere tener buenas experiencias, es necesario experimentar como si fuese cierto que existe ese guía, y se encarnó en el médium. Es, con sentido riguroso de la palabra, una hipótesis de trabajo, casi necesaria para la producción de los fenómenos.

Levitación de un objeto producida
por Eusapia Paladino
La ciencia es un lenguaje bien hecho, dijo un filósofo. Así que no deberíamos de dar el mismo nombre de médium a individuos tan diferentes como por ejemplo Eusapia y Mad. Piper. Podríamos llamar médiums a los individuos que producen efectos físicos; sensitivos, a los individuos que tienen fenómenos criptestésicos que atribuyen a una fuerza extraña; autómatas, a los individuos que sin criptestesia parecen presentar escritura automática de personalidades secundarias, creadas sin duda por autosugestión, pero que parecen espontáneas.

Como toda clasificación, ésta es arbitraria. Los sensitivos son siempre autómatas, mientras que raramente los autómatas son sensitivos. Podríamos citar centenares de casos de escritura automática, que son sólo fantasías mediocremente interesantes de la inconsciencia desencadenada, sin lucidez, sin criptestesia, sin nada que valga la pena de ser anotado, si no la extraordinaria potencia del inconsciente.

Sin embargo, a pesar de mi ardiente deseo de hacer volver en lo posible estos fenómenos metapsíquicos a la psicología normal, no querría desnaturalizarlos, mutilarlos, so pretexto de racionalismo. El estado de monoideismo4 y de automatismo que crean los trances o hipnóticos, o espiritualistas, desarrolla una extraordinaria aptitud en la criptestesia, tan a menudo, como para Mad. Piper, como para Mad. Leonard, como para Mad. Verrall, que uno se siente tentado a creer en la intervención de una inteligencia extraña. No se trata en este capítulo de discutir la cuestión; veremos más adelante que no tendremos timidez en abordarla francamente.

4. Nota del Búho Miope: El monoideismo es el estado mental del psiquismo cuando fija exclusivamente la atención en una sola idea inalterable.

Ni los sensitivos, ni los autómatas, ni los mismos médiums, pueden ser caracterizados por diagnosis de alguna verosimilitud. Son como todo el mundo. La edad, el sexo, la nacionalidad no parecen tener gran influencia.

Se ha hablado a menudo de la histeria; pero parece que la histeria no es una condición favorable, excepto para dar una extensión desmesurada de este tipo de enfermedad. Los histéricos son a menudo hipnotizables; pero la aptitud para ser hipnotizado es tan general que no es en absoluto una característica. Los médiums son más o menos neuropáticos, sujetos a cefaleas, insomnios, dispepsias. Pero todo esto es bien poco significativo.

Pierre-Marie-Félix Janet
En todo caso, me niego absolutamente a considerarlos como enfermos, así como está demasiado dispuesto a hacerlo P. Janet5. Si bien hay cierta desintegración de la consciencia. Pero, entre los artistas, los sabios, incluso la gente vulgar, a menudo hay análogas desintegraciones de la consciencia, con automatismo parcial.

5. Esta crítica no disminuye en nada mi alta estima por los trabajos de P. Janet llevados a cabo con una sagacidad poco común.

J. Maxwell insistió en la existencia en la mayoría de los médiums de una mancha en el iris. Posiblemente convendría hacer sobre eso algunas investigaciones estadísticas. Pero la dificultad estará siempre en saber donde habrá que pararse, puesto que no hay línea de demarcación entre un sensitivo y un normal, entre un automático y un normal. Tal persona con escritura automática se limita a trazar febrilmente y sin consciencia grandes círculos informes sobre hojas de papel blanco; otro escribirá palabras incoherentes; otro hará frases ordenadas; otro compondrá pequeños poemas completos; otro escribirá volúmenes y novelas enteras. Existen todos los grados de automatismo.

El talento del inconsciente tiene más variedades que el talento del consciente.

La sensibilidad criptestésica contiene, más aún puede tener, todos los grados. Tal individuo que, en el transcurso de su larga vida, habrá sido perfectamente normal, un día verá una aparición verídica, u oirá voces premonitorias. No podremos decir que sea un sensitivo. Lo habrá sido durante algunos minutos, o más bien durante algunos segundos, y eso es todo. Personas de apariencia normal miran en el cristal, y al cabo de algunos instantes perciben visiones, escenas más o menos dramáticas que tienen lugar en la pequeña bola de cristal. No podemos pretender que sean sensitivos; o no puedo apoyar lo contrario tampoco. En cualquier caso, no hay ninguna razón, de nuevo, en cuanto al propio mecanismo, de hacer intervenir a una inteligencia extraña.

Incluso los grandes médiums sensitivos, como Mad. Piper, como Stainton Moses, no tienen ninguna característica fisiológica o psicológica que los distinga. Estos individuos privilegiados, que, según la doctrina espiritista, reciben mensajes de los desaparecidos y entran en conversación con los muertos, no parecen diferenciarse por ninguna otra superioridad intelectual o física. Ciertamente, a consecuencia de la facilidad con la cual su consciencia puede desintegrarse, tienen una cierta inestabilidad mental, una susceptibilidad bastante delicada. Su responsabilidad, por lo menos durante el estado de trance, está un poco disminuida. Pero esto son solo matices, y estoy dispuesto a concluir de buena gana que aparte de sus visiones, que aparte de sus trances y de las encarnaciones aparentes que se manifiestan, estos sensitivos son como todo el mundo.

La mayoría de las veces descubrieron su sensibilidad por casualidad. La historia detallada de los orígenes de la mediumnidad sería muy interesante de hacer. Veríamos sin duda que, para cada gran médium, el punto de partida era bastante diferente. En cualquier caso, jamás se hicieron médiums por un acto de voluntad deliberada. Su poder se desarrolló espontáneamente.

El Dr. James M. Gully observa
el pulso de Kate King en una
sesión dirigida por
William Crookes
Lo que es muy curioso -y por otra parte bastante desalentador,- es que este poder apenas progresa. Nace espontáneamente, sin que se sepa ni porqué, ni cómo, y, si tiene el capricho de desaparecer, se va sin que se pueda retenerlo. Kate King abandonó a Florence Cook y a Crookes dando por toda explicación que su salida era necesaria. Mi difunto y erudito amigo, el Dr. Ségard, me dijo una vez que su hija, de aproximadamente unos doce años de edad, había presentado durante unos tres días fenómenos notables de telequinesia (levitación de una mesa pesada, raps, movimiento de objetos de gran tamaño sin contacto), pero que luego súbitamente todo había desaparecido. Estos hechos se remontan a hace veinticinco años, y Mad. L..., la hija de Ségard, nunca ha tenido desde entonces un fenómeno similar.

Toda educación es inoperante. Estoy tentado a creer que nuestros esfuerzos para cientificar los fenómenos tienen más inconvenientes que ventajas. También, en mis experiencias, renuncié absolutamente a querer indicar a un sensitivo o a un médium cómo debía proceder. Deben ser abandonados a si mismos, porque nuestra influencia, si tenemos una, sería probablemente mala. Un médium poderoso es un instrumento extremadamente delicado y frágil que no está absolutamente familiarizado con sus resortes secretos. Nos exponemos a torcerlo manejándolo con una mano torpe. Dejemos pues que desarrollen los fenómenos en plena libertad, sin pretender guiarlos. Probablemente es un grave error obstinarse en educar a un médium.

¿Porqué esta fatalidad? No me parece en absoluto que se deba concluir que hay injerencia de una inteligencia extraña. Porque, incluso en los niños y los adolescentes normales, nuestro poder de transformación educativa es bastante limitado (y en otros casos es tal vez suerte).

Hasta ahora no fuimos justos con los médiums. Los hemos calumniado, burlado, vilipendiado. Los hemos tratado cínicamente como animales viles. Cuando sus facultades estaban decreciendo, los dejamos apagarse en la oscuridad y la indigencia. Cuando se los retribuía, fue humildemente, dándoles a entender bien que eran sólo unas máquinas. Ya es hora de que se acaben estas detestables costumbres.

Si por casualidad se descubre un gran médium de efectos físicos poderosos, o de efectos psíquicos excepcionales, en lugar de exponerlo a la curiosidad banal de los ignorantes, de los periodistas, de las grandes y pequeñas damas que les van a consultar sobre un perro perdido o un amante infiel, habría que asegurarles muy largamente la vida y la manutención, y posiblemente un poco más, con el fin de que su mediumnidad no sea deshonrada por adivinaciones de baja calidad. Eso es lo que Mad. Bisson hizo por Marthe Béraud; Lord Duraven por Home; E. Imoda por Linda.

En una palabra, habría que reservar los médiums para la ciencia, la ciencia severa, generosa y justa, en lugar de dejar prostituirse sus facultades maravillosas a las credulidades infantiles o a los sarcasmos sin pudor.

Pero al mismo tiempo habrá que evitar abandonar la severidad científica, no pedir experiencias estupefacientes, o incursiones en el más allá. Debemos resignarnos. No dejemos el suelo de nuestro planeta. Tratemos los problemas de la metapsíquica como problemas de fisiología pura. Experimentemos con los médiums, seres raros, privilegiados, admirables, y repitámosnos que tienen derecho a todo nuestro respeto, pero que requieren toda nuestra desconfianza.